El dinosaurio es una de las criaturas que mejor representa a la ficción breve. Monterroso presentó el origen; Rony Vásquez Guevara (Lima, 1987), anuncia el final de estos seres. En El último dinosaurio vivo, antología personal, el autor reúne un variado abanico de textos que interpelan las fronteras genéricas: una micronovela, piezas de microteatro, tuits narrativos y “prosas prestadas” que juegan con el lector a partir de una ponderada estética de la brevedad. El escritor peruano, conocido en el mundo de las breverías como uno de los promotores más acérrimos de la minificción hispanoamericana, no olvida su ejercicio de investigador, y nos ofrece un sugerente punto de partida: una lúdica disputa entre el crítico y el creador: dualidad que se complementa y que nos recuerda que la lucidez crítica nunca ha sido impedimento para la lucidez creativa.

Crueldad

(Microteatro)

En el cuartel

GENERAL: (Señalando a los prisioneros). Primero, le cercenas los dedos de la mano; luego le mutilas los pies y le cortas la lengua. (Se dispone a salir). Ah, intenta que no sufra.

SARGENTO: (Con precaución). ¿Y los ojos, la cabeza?

GENERAL: Mañana.

 

Cuento de terror

Cuando despertó, seguía siendo un Cuento.

 

Parricidio

—Hijo, hace dos días que no duermo— quejose la madre.

—No te preocupes. Esta noche dormirás eternamente— apaciguó el hijo mientras desenfundaba el cuchillo.

 

 

*Rony Vásquez Guevara. El último dinosaurio vivo,  Lima: Micrópolis, 2016.

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