Aforismos

 

Cuando Dios pronuncie mi nombre quedaré sordo.

No existe nada capaz de borrar un nombre.

Que los dioses te protejan de tu nombre.

Alguien pronuncia tu nombre y despiertas. Alguien pronuncia tu nombre y te levantas de entre los muertos.

El nombre es la única palabra que no miente.

¿Será el nombre una proposición?

Trato de imaginar un mundo de objetos sin nombre que contamine su pureza.

Sin nombre, ¿los objetos hablarían por sí mismos?

Si los nombres se heredaran genéticamente…

Quisiera llevar la resurrección en el nombre.

Hay algo sospechoso en el nombre Lázaro: camufla la aún más sospechosa palabra azar.

Como quiera que sea, llamarse Lázaro es garantía de retorno.

Los nombres son también raras apariciones.

Todo nombre verdadero es impronunciable.

Es peligroso llamarse Elías.

Es peligroso llamarse Edith.

Llevo siglos intentando llamar a Platón por su nombre verdadero.

En el nombre se esconde el hombre.

Todo nombre es préstamo.

Nuestro nombre es tan sólo la etiqueta para una breve cantidad de años.

Todo nombre genera una promesa, una confusión y una tormenta.

¡Cuánto promete un nombre!

Las cosas son distintas al nombrarlas nosotros y al nombrarlas los dioses.

Adán tuvo el cometido de nombrar lo que existía en el Paraíso. Al finalizar lo expulsaron.

Nombrar es profanar.

El nombre es imitación del objeto. [Es el cratilismo el que imita a Platón].

Por error, o adrede, alguien me llamó Elías hace poco. ¿Debo anotar vaticinios?

Cambiaste mi nombre, cambiaste mi destino.

¿Será preferible no recordar un nombre que recordarlo equivocadamente?

He olvidado tu nombre, ¡no a ti!

Con las sandalias deshechas he de recorrer este camino, extenso y polvoriento, para llegar a mi nombre.

También yo tengo derecho a ser llamado por mi nombre.

Sólo los seres trágicos llevan el nombre que les corresponde.

Cuando el mío se vuelva contra mí, préstame tu nombre.

Nombre: tatuaje.

Sinceridad como nombre propio.

Hay un nombre que significa el hombre se convierte en lo que hace.

Los nombres sirven también para marcar el territorio.

La unicidad del nombre y la multiplicidad del nombre: ¿deberían coincidir?

Brecht sabía que no era nadie hasta que otro lo nombrase.

Kennedy aconsejaba perdonar a los enemigos, pero nunca olvidar su nombre.

Dossi anotaba su nombre sólo en libros que había leído.

Machado sólo reconocía su nombre si era pronunciado por una mujer.

Dumas atesoraba el nombre forjado tras crear una obra maestra.

Shakespeare amaba grabar su nombre en la corteza de los árboles.

Voltaire se lamentaba por llevar un nombre famoso.

Supe que sólo existimos hasta ser nombrados.

¿Cuál es el alcance de los nombres? Si llamo pez a un gato, éste no nadará.

Siempre me he preguntado por el nombre de la luna.

Si nombrase huracanes, uno de ellos se llamaría Legión.

Uno de los nombres del aire es ciclón.

No recuerdo el único nombre del fuego.

—Me salvaste la vida, ¿qué quieres a cambio?

—Mi nombre.

—Disculpa por cambiarte cada rato de nombre, serán mis distracciones, será la edad.

—Descuida. Todos los nombres se parecen.

—¿¡Olvidaste otra vez mi nombre!?

—¿Cómo crees? Lo que ocurre es que quiero volver a escucharlo de tus labios.

Desconfía de aquéllos que recuerdan todos los nombres.

Tener en la punta de la lengua un nombre… Seguirlo teniendo…

Qué angustia el recordar cualquier rostro del pasado, no así el nombre de su dueño.

Cuando el nombre se queda en el pronombre…

Se te asigna un nombre y en el registro civil el burócrata en turno lo altera ortográficamente. A partir de ahí tu vida es error.

De tanto memorizar rostros he olvidado nombres.

La memoria, al menos la mala, reasigna nombres (p.e. a César: Juan).

Hay alguien que desde hace mucho me llama David. Me llamo Isaí, le aclaro cada vez. Lo olvida y vuelva a llamarme David.

Quien me llama David, sin yo serlo, asegura incluso que puede probar que lo soy, tanta es su seguridad que me ha puesto a dudar. ¿Seré otro?

Mi nombre es Isaí. Si alguien lo negase, yo presentaría de inmediato innumerables conexiones para confirmarlo.

Hay alguien llamado Ricardo, pero nunca en mi mente se fija su nombre y le digo Jorge. O le pregunto: ¿cómo estás, George? Me odia.

Y pensar que me llevó toda una vida aprender su nombre y un segundo olvidarlo.

Cuando quieras aniquilar a alguien, olvida su nombre.

Nada se consigue negando el nombre del enemigo.

Qué ironía que sólo reconozcas tu nombre cuando es pronunciado por el enemigo.

Cuídate de esas calles que cambian de súbito su nombre.

Todo fuera como cambiar los nombres de las cosas para que cambie el mundo.

La tragedia de que tu nombre parezca tu sobrenombre.

Convirtió el agua en vino. Anduvo sobre las brasas. Resucitó muertos. Pero no pudo decirme mi nombre.

Para bien o para mal, muy pocos son dignos de su nombre.

Añoro esos tiempos dorados en que las cosas se invocaban por su nombre.

Disculpa si te llamo por tu nombre.

Te llamas Isaí. En tu nombre se enfrentan vocales débiles y fuertes. Te salva el acento en la última.

Quisiera llamarme Josué, para detener el sol.

Satanasio… ¿Qué convocan los nombres?

Conozco a un hombre de nombre Iluminado.

Alguien que lleve el nombre Pordócimo o Isóceles no puede esperar generosidad del destino.

Edelmiro: nombre alemán que significa de nobleza insigne. ¿Le irá bien en la vida a alguien así llamado?

Llamarse Robustiana debe conllevar una responsabilidad enorme.

Quisiera llamarme Apolo.

Los nombres tienen fecha de caducidad, ya feneció el esplendor de los nombres griegos.

De nada te servirá portar el nombre de un dios muerto.

 


Isaí Moreno (Ciudad de México, 1967). Escritor. Autor de las novelas Pisot (Premio Juan Rulfo a Primera Novela 1999) y Adicción (2004), obras que escribió mientras se doctoraba en matemáticas en la Universidad Autónoma Metropolitana. El suicidio de una mariposa (su tercera novela, publicada por Terracota a fines del 2012) fue finalista del Premio Rejadorada de Novela Breve 2008 en Valladolid, España. Imparte talleres de novela y es profesor-investigador en la carrera de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Colabora en revistas literarias, suplementos y blogs culturales como Nexos, Letras Libres, La Tempestad, Lado B, Nagari Magazine, etc. Sus cuentos forman parte de antologías como Así se acaba el mundo (Ediciones SM, 2012), Tierras insólitas (Almadía, 2013) y Sólo cuento (UNAM, 2015). En 2010 obtuvo por la UNAM la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas con la tesis Hacia una estética de la destrucción en la literatura. En 2012 ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.