En algún momento de alguna historia, surgió un acontecimiento. El mismo hecho carecía de tanta importancia que nadie lo narró, nadie lo mencionó, nadie lo vivió, nadie lo sintió.  Así nació el axolotl de manera muy silenciosa, sin depender de nadie, pero así nació también su muerte. Este es su origen el acontecer, el trasegar y no el estar, el transformarse.

Escribo esto conmemorando lo sido de La Rabia. Una rabia que contamina el aire que lo sulfata todo. La Rabia ha sido el aire que inhalamos todos los que transitamos este camino al que llamamos vida de maneras amorfas y literarias. La rabia como la anarquía, se desata en cada uno de nosotros, cada uno de los lectores que nos apropiamos del proyecto y lo regamos como la pólvora que enciende las apuestas vitales de quienes viven con la rabia como el axolotl en el agua.

Pero como los axolotl que están en vías de extinción, esta rabia del axolotl se extingue, no porque desaparezca, sino porque sufre su transformación hacia lo sido que es origen de un nuevo estar. Estar sin estar, como la ausencia que está presente la rabia resistirá en la memoria de quienes fuimos infectados con ella, los efectos implacables del olvido.

El origen de la rabia presentó en sus comienzos la transformación de lo sido en una rabia que se expande y acontece en su metamorfosis hacia lo inesperado como cierre o extinción.

¿Volveremos a la rabia? Solo los ajolotes lo saben ¿Se seguirá expandiendo la rabia, aunque se extinga? Eso solo tú/yo lo sabe(mos) en la medida en que las formas de escribir y de leer sigan saliendo de nuestras entrañas y no de nuestras cabezas.