¿Sueño, el sueño o los sueños? 

Noches de sueños truncados. Noches en las que Morfeo, o alguna morfea pone trancas a la entrada del mundo. Nos vencen los sueños, los sueños sin cumplir, los sueños que son derrotas diarias y que son la entrada a Imsomnia. Sin embargo y aunque nos venzan los sueños y que las mentes estén cansadas, los nervios alterados y los estados susceptibles, la batalla sigue siendo de resultados contingentes. Morfeo, ni el mundo se apiada de nosotros. Tener sueño o sueños, no significa tener la llave de la puerta de entrada, no significa tumbar de un soplo las trancas para visitar a Oniria o existir en las entrañas de una vida expectante y maravillosa como el resultado de la batalla.

La hechizante necesidad de encontrar un mundo mejor que este y que ni en nuestros sueños más dormidos o en los más despiertos lo hallemos, hacen de nosotros esclavos epistemológicos, esclavos de buscar certezas donde reina la duda y la incertidumbre. Personas, lugares, sensaciones y pensamientos, todos ellos arrastrados entre vientos, llevados a una tierra tan ardiente que convirtió todo en cenizas. Las pesadillas sistemáticamente razonadas, son las conquistas de noches en vela y días despreciados porque en ocasiones ya ni se quieren.

¿Nos aferramos a la vida no por goce, disfrute o miedo a desaparecer, sino por el malestar inquieto de enfrentar lo desconocido? ¿De saber que frente a la muerte no triunfa la razón, la comprensión y mucho menos la certeza o la verdad?

La vida, meticulosamente estudiada y programada como una gran obra de teatro irónico y dramático, no tiene que ser vivida. Si los tiempos difíciles acaban y los tranquilos no sacian; si Oniria e Imsonia son una y la misma manifestación de sueños truncados, la vida devendría exóticamente en el deleite de autodestruirse. La sangre que recorre el espacio que ocupamos a veces ni vida tiene. La reproducción no es vida, y la infamia de la producción tampoco lo es.

Ni a la vida/muerte le preocupa o le interesa nuestras existencias. La existencia de alguien cualquiera, en un mundo cualquiera, en una ciudad cualquiera. Somos nosotros mismos los encargados de botar, desechar, arrojar todo sistema, todo obstáculo y toda contención.

Invito a encargarnos de echar a quien ose poner un obstáculo, de encargarnos de aquellos que predigan en pro de un falso y aparente espíritu de bienestar, del falso cariño, de banales palabras.

¡Que se aborrezca finitamente a quien nos ama infinitamente! No se puede tranzar con quereres inexistentes. Los cuentos fantásticos y maravillosos sobre Dios, los humanos, y los quereres, son tan increíbles como un sistema activo. Las representaciones de todo aquello que parece infinito o imperecedero, son las que más daño causan, son las que borran la línea de sueños quiméricos/reales que amplían la relación íntima que desdibuja la línea entre ficción y realidad que procura los sueños rotos.