Nudo temporal

Desde un trampolín de cuchara

dulzones granos de azúcar

se arrojan a la taza del café

 

La noche es un oleaje negro

y la isla una lengua que sueña

 

En un corte transversal

lo cotidiano es aislado a medio día

con una luz tangible

 

La misma que pudo convocarte,

molerte entre el polvo diáfano

en una espera de artificios

 

Los nudos que deshago me pierden

 

La sujeción está en el poema    ,

y la ruta es aún desconocida.

 

Sangre adentro

Aparecen destellos

a pesar de una oscuridad

abultada en los árboles.

 

El más allá… acá.

 

La red es la visión celeste

donde capturo impronta

de un instante.

 

En la celda de mi mano

cabe sin aire

           y muere.

 

Alojo un grito delgado

como de ave

que asfixia su eco.

 

El cruce de una sombra

con el núcleo del ojo

hace renacer colores

de infinito encanto

 

nunca vistos ni en las plumas

más ocultas

de errantes trepadores.                      

 

Con la sangre agolpada

he lanzado mar bravía

hacia tu labio,

y he descendido,

y he muerto

por respirar pausado

disperso astro del vientre

sobre el tacto.

 

El sobresalto me regresa

con puños colmados

de imposibilidad terráquea.

 

No eres ni serás

sólo la memoria te recibe

y te da la eternidad del siempre.

 

Exigente mirada, no sabe que tú,

objeto de mi aire

tiemblas cuando por mis bordes

eres tocado.

 

Certeza

Toda certeza en la orfandad del agua

se consume.

      

Seca de raíz

encorvada a la luz que no revienta

del escombro.

 

―¿Existe algo más?―, que no sea la duda

y la sospecha, que en el temblor del insomnio

se levante

 

y me ponga a razonar la circunstancia

en plena insinuación del día.

 

El jardín sigue el curso con sus plantaciones

el río atrapado en una espera

se rehúsa al grano del olvido;

 

una ciudad me cuelga

su despojo de chatarra en cada ojo,

 

y quien camina solo, lleva la mordedura del contratiempo.

 

Esta partícula es la certeza

viene de hacer un tratado de aire

para alzarse sobre el muro

esto es, y no la promesa de asir el tiempo con las manos.

 

Toda abstracción que mi pulso reaviva

pasó por auténtica forma.

Sobre papel: árboles, semillas y la colección de objetos olvidados

fueron un sistema de máquinas verbales

símiles de artefactos.

 

Certeza de lo único: respiro a contrapaso

como el acecho es la única certeza

entrometiendo en los asuntos del poema, su ironía de “hazmerreír”.

Contrahecho: miro contrariando la incertidumbre.

 

Tengo la certeza no crecida,

una raíz manca en la maceta,

miembros ateridos y todo el peso de mi cuerpo

dictando letreros de un latido volcándose en la sombra.

 

Tengo la certeza de mi abismo y los miembros ateridos

al pulso de una onda.

 

 

El hacer

Que no exista más que “el hacer”

seguido de voces mandatarias

como insólito disparo del diluvio

quebrantando la calma con su ruido

 

Está aquí y es interminable                       

Lleva un mar por dentro

y prisas de estallar en la blancura

Golpearse en el cristal como un insecto

abatirse tenso

 

Viene de la sombra, del infierno terrenal

de mil hectáreas de suelo inhóspito

donde reina la encrucijada del silencio

 

No me preocupo si puedo salvarlo

de esa llaga de terror y olvido

y ponerlo entre nosotros con sus olas

que su espuma de alto riesgo no salvará

a nada

y a nadie   

 

            Qué decir… si ya lo dije

 

He pensado que, en un atrio a plena luz

me disuelvo en el pantano,

y de mí queda un lodazal en la ceniza 

 

entre larvas que atisbarán rencores trazados

sobre huesos

            y cavidades húmedas donde pierde el fulgor

su última brasa.

 

He pensado días enteros

resolviendo un crucigrama en la cabeza.

 

Ronda su redoble

Truncar lo necesario es brillantez de este paso en su redoble

no dejar que se conduzca solo por el mar desierto de la duda.

 

Truncar el paso necesario para no ser del sol la correría.

 

La quemadura plena en el concreto me atisba,

y quedo como ceniza en el desplome.

 

Cuando sombra eres, yo me arremolino

cuando de mí, el cadáver atestado queda

me voy dando al paso de los puentes,

de los cableados de horizontes que se alzan.

 

Silbando pasos, metros de cansancio

con patas de un perro periférico

reventando esferas de mi grasa,

en el desierto quemante de banqueta.

 

…truncar el paso necesario es brillantez de esta ronda

en su redoble.

 

 


Víctor Argüelles (Tuxpan, Veracruz, 1973). Estudió artes plásticas en la UV y el Posgrado de especialización en literatura mexicana del siglo XX en la UAM-A. En 2009 cursó el diplomado en escritura creativa en la Universidad del Claustro de Sor Juana y en 2013 el diplomado en creación literaria en el CCLXV-INBA. Ha colaborado en las revistas: Sinfín, El Búho, Timonel, 3D2 Fanzine, Nocturnario, Opción y Salvo el crepúsculo. Sus poemas se recopilan en Poesía para el fin del mundo (Kodama Cartonera, Tijuana 2012); Sublevación y delirio (Coordinada por María Baranda, Unión Latinoamericana de Escritores, 2011); Jaime Sabine 83 aniversario, 83 poetas Animales en su tinta (Conaculta, Chiapas 2009 y 2007). En 2010 participó en el II° Encuentro Nacional de Jóvenes Poetas “Carruaje de pájaros” en Chiapas. Becario de CONACYT para estudios de posgrado y del Instituto Veracruzano de la Cultura, “Jóvenes Creadores” en Artes Plásticas.