Memoria

 

En enfecto, existe algo más tenáz

que la memoria -pensó-: el olvido.

Salvador Elizondo.

 

Lo fue todo.

Y cambiaste de silla.

¿Faltan cuatro?

                [y todos rieron en la mesa]

Sírvele otra

        [en mi cabeza tenía sentido]

Ya estoy ebria.

    

No, no me beses así,

ya estoy muy rota.

 

 

r → ~q

 

En la vibrante múltiple se apoyó

la última voluntad de mi lengua.

 

Las palabras pesan.

Son cosa seria.

De cualquier modo existe

la polisemia, las posibilidades de lo dicho.

 

Dije, por ejemplo:

 

“La luz en tus pestañas.

Y de cómo Faulkner escribió Luz de Agosto…”

 

Dije, también:

Lo prometo.

 

Ahora que todo se lo ha llevado el viento,

sólo pienso.

 

No somos desechables.

Y, sin embargo,

lo somos.

 

***

Para Alexis

 

Nos olvidamos del canto.
Se lo dimos a los pájaros.
Ya no cantamos
porque cantar nos vuelve humanos.

Él canta.

Vive un pájaro, un
hombre en su pecho.

Sonríe, corre lejos
y canta.
Tiene un canto muy dentro
que le dicta versos.

Hay días en que se pone triste
y entonces canta,
como lo hace el primer pájaro de la mañana.
Pero no agradece el día,
canta para no llorar.

 

 

Hastío

 

Hay un silencio profundo en este cuarto.
La oscuridad a penas lo habita,
se posa cuidadosa

                            a través de
los muros y las persianas.
Lo rompe cautelosa, poco a
poco lo penetra.

Esta oscuridad no es el silencio,
no es la quietud.
Es, tal vez,

                          la sensación
triste de un cuerpo tendido,
la apertura mínima

                           donde
el primer rayo de luz se cuela.

Es la soledad discreta del que calla,
las sábanas frías donde me tiendo
y duermo.

 


Quetzal Sánchez (Quetzal Nimi) Poblana. Estudié Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP. Es la primera vez que muestro lo que escribo.