Hacia los quántum de la generación de los Noventa

Muchas pláticas de bar post lecturas de poesía o tema de entremés durante estancias en cafeterías, giran alrededor de las posibles circunstancias contextuales o socioculturales que definen el fondo y forma de la poesía escrita por jóvenes en México actualmente. Dentro de este circuito informal en donde abundan generalizaciones y especulaciones basadas en nociones más que en tesis o investigaciones previas, el término generacional se banaliza en esencia y concepto, quedando reducido a patrones superficiales más asociados a comportamientos acordes al ímpetu juvenil que a situaciones inéditas hasta este período histórico. En principio delimitar y definir: se llama generación al conjunto de individuos nacidos en un mismo período, sujeto por esta condición de un devenir histórico común y grupo generacional se emplea a un pequeño número de artistas con determinadas relaciones de carácter biográfico y estético. Dados dichos términos como herramientas culinarias tipo cuchara y tenedor para saber con cual tomar lo servido en el plato, degustaremos.

Ortega y Gasset habló acerca de que las generaciones son el motor de la historia, pero vivida a partir del individuo: “El método de las generaciones nos permite ver esa vida desde dentro [de la historia], en su actualidad”, apuntaba en las páginas de Entorno a Galileo (1933). Previamente Madame de Staël, trazaba los caminos hacia los estudios de las denominadas Literaturas Nacionales cuya finalidad analítica primordial era esbozar lo que vendríamos a conocer como Identidad. Articulando un método en el cual, tras la observación y seguimiento de una generación nacida a afínales del siglo XX, partiendo de 1987 hasta a la actualidad, trataremos de entender y discernir, siendo esta la primera entrega, los posibles grupos generacionales generados en este novísimo circuito de nuestra República Mexicana de las Letras. Partiendo de esto, el análisis crítico toma sentido y sabor, articulándose una labor casi médica al diagnosticar síntomas externos, partiendo de una radiografía de cuerpo completo. Las referencias a los textos de los escritores citados de aquí en adelante se reducirán a un marco concreto de soportes impresos y digitales que se han dedicado a la difusión y publicación de la literatura en los últimos 3 años: las antologías Los reyes subterráneos (La Bellas Varsovia, 2015), Poetas parricidas (Cuadrivio, 2014) y Astronave (UNAM-UANL, 2013), las revistas Crítica y Tierra Adentro, así como los sitios web Círculo de poesía, Enter Magazine (antes Órfico), Revista El Humo, Punto de Partida y Revista TN. Puesta la mesa así, al volcar los ojos sobre el menú nos topamos con la jerarquización de entradas, platos fuertes y postres, y asumiendo el riesgo, trazaré tres posibles divisiones del quehacer poético joven actual.

Como entrada, nos iremos al plato ligero de digerir, al preámbulo idóneo que agudiza los sentidos: la Alt Lit o Literatura Alternativa. Movimiento virtual de lengua hispana, cuyos inicios se dieron con el grupo de Facebook llamado Los Perros Románticos, en el cual se conjuntaron ciertos autores con búsquedas estéticas similares.  Autodenominados como una vanguardia de “unos cuantos jovencitos inquietos y solitarios con acceso a internet (que) fueron capaces de ‘acabar’ con el ‘Poema’ y su tradición europea”, la Alt Lit parece emular los connotaciones despectivas de la posmodernidad, quizá, sin propornerselo: seudocrítica del academicismo, la desatención a lo formal, carencia de ideología y aberración hacia el canon. Pone sobre el escenario la moda de ser escritor, no la de ser lector.  Es más praxis que poiesis como bien apunta Manuel J. Jiménez al señalar que “La metodología es el despliegue de un aparato mediático que va desde editoriales hasta blogs y notas de prensa.” A partir de un círculo de convivencia, sujeto a ciertas reglas implícitas de autodefensa, autolegítimación y autopromoción entre los integrantes de este grupo generacional se rinde culto a la condescendencia, piropo por piropo, like por like. Los textos, son específicamente delimitados por un marco preestablecido, que se presume de “vanguardia” o “experimentación” al sujetarse a grandes rasgos en tres esqueletos principales: lenguaje cotidiano, temática pop y soportes electrónicos (redes sociales) como génesis de la creación. Frescura pero también peligro. Dentro de los dos primeros rasgos, se ha visto un acercamiento nuevo hacia las características regionales de los léxicos juveniles, un retorno al soliloquio y al monólogo tapizado por voces politonales, una flexibilidad atenta a la coherencia del contexto comunicativo actual, o como diría Bachelard, hay que estar en el presente, en el presente de la imagen.

Del otro lado de la moneda, bajo el pretexto o licencia del “lenguaje cotidiano” se ha excusado cierto facilismo, síntomas de ingenuidad técnica a la hora de querer lograr el verso o en el más común de los casos, versos puestos dentro de la madeja por puro capricho. Excesos de anáforas, hiperculto al yo e imaginarios exclusivamente consumistas o dentro del campo semántico del mass media. El poema pasa a ser la parte menos atendida, el mero pretexto del work in progress. Las relaciones entre poetas, disfrazadas con malicia de amistad incondicional, son contratos económicos, con costos –éticos, morales, racionales- y beneficios -¿de difusión o fama?- para cada parte. De manera paralela, estos engranajes han puesto en marcha un reloj con alcances similares al Big Ben. Este aparato de relaciones internacionales y nacionales por medio de redes sociales, ha colaborado en gran medida a combatir el problema de la centralización o monopolización de la poesía en el centro del país, o al menos lo empieza a hacer en el ámbito joven. Ciudades como Puebla, Guadalajara, Oaxaca y Monterrey, empiezan a hacerse presentes, contando con una cartera de poetas jóvenes cada vez mayor y no sólo eso, sino de manera inédita en comparación con generaciones anteriores de poetas jóvenes, éstos empiezan a tener acceso a la lectura de poemas escrita por sus similares de todo el territorio nacional –y nivel hispano- desde los 17 años o antes.

Pero ¿son en verdad los premios sinónimo de éxito dentro de la carrera de la literaria de un joven? Sí y no. Fuera de la compensación económica, la idealización del peso de un premio nacional comienza a difuminarse.

Terminada la última cuchara de la sopa de entrada, es vertido desde la charola de su servidor el plato fuerte, siendo éste lo que normalmente conocemos como los verdaderos mecanismos de prestigio y legitimación, me refiero a los poetas que se han visto beneficiados con Becas y Premios. Ampliamente conocido este campo debido a su reproducción desde hace ya más de 20 años, sigue siendo aún el sistema vigente. Acá dos instituciones tienen la voz y voto mayor, refiriéndome a Conaculta y a la Fundación para las Letras Mexicanas. De la mano del FONCA por un lado, las Becas y Formación por el otro, se ha visto poca incidencia del primero en nuestra generación y se ha hecho una labor primordial del segundo, siendo Monterrey y Xalapa sedes principales de dichos eventos. Año con año, la convocatoria es abierta y jóvenes de toda la república son seleccionados y pasan a añadir dicha beca a su ficha curricular. En el apartado de premios contamos con dos grandes premios nacionales, refiriéndonos al Elías Nandino y al Francisco Cervantes, cuya edad límite para participar es de 30 años. Pensando en la generación que nos ocupa,  es hasta el 2014 con la aparición del premio Alejandro Aura, que se establece ahora sí una línea equitativa entre lo que se percibe como joven el México, ya que entre un poeta de 22 años y otro de 27 existe un mar de diferencia. Ponderando como diferencias más importantes la cantidad de lecturas o experiencia adquirida en talleres o participaciones en certámenes y becas. Como único precedente solo Carla Xel-Ha, perteneciente a la generación de los noventa, ha obtenido alguno de los dichos premios. Pero ¿son en verdad los premios sinónimo de éxito dentro de la carrera de la literaria de un joven? Sí y no. Fuera de la compensación económica, la idealización del peso de un premio nacional comienza a difuminarse. Año con año, premios van y vienen, un día le toca a Fulano otro a Perengano. Al tener vínculo con Conaculta, los premios son tu pasaporte para los encuentros nacionales de escritores jóvenes y pequeños tour nacionales de la mano con una publicación encomendada a Tierra Adentro. Sin embargo adoptando una cultura de consumismo y competitividad, actualmente se necesita acumular la mayor cantidad presente para mantenerse vigente, tanto para obtener posteriormente un Sistema Nacional de Creadores como  para estar bien posicionado frente a las mejores editoriales especializadas en poesía a nivel mundial. Siendo en resumen, muy temprano aún o para otra entrega para hablar de la incidencia de los jóvenes el sistema del plato fuerte.

Terminando la tarea de los dientes y molares, cerraremos esta entrega con un postre un adelanto de autores de los cuales nos ocuparemos en posteriores entregas: Pablo Robles Gastélum, Augusto Sonrics, Paola Llamas Dinero, Martín Rangel y Jesús Carmona Robles dentro del campo de la estética de la Literatura Alternativa. A Carla Xel-Ha, David Meza, Clyo Mendoza Herrera, Yolanda Segura, Jehú Coronado, Pablo Piceno y Mayco Osiris Ruiz como voces están marcando una pauta a la hora de pensar en la nueva poesía. Así como a las propuestas de André Paniagua, Omar Jasso, Eva Merino, Míkel F. Deltoya, Alejandro Baca, Viktor Ibarra, Andrea Alzati y los cerraremos con los jovencísimos Adrián Mendieta y Melissa Nungaray.

Entendernos y desconocernos al vernos en el otro, así inicia este diálogo con la intención de que al calor de las manos, maduren más rápidos los frutos y podamos salir al huerto de la lectura más que por obligación o diversión, por mera sed de jugo, por agua dulce proveniente de nuestra tierra en completa merced.

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