Música y fenomenología de lo acústico

Poco o mucho se ha oído respecto de aquellas disertaciones sobre la estética: que esto o aquello sobre lo bello, lo sublime, la poética, la cosa, el útil, el desocultamiento, lo artístico del arte, la verdad del ente, la virtud, el mundo y la tierra o lo que tiene de obra la obra, entre otras cuestiones… sin embargo, ¡la intuición nos cuenta que los ilustres tenían poco conocimiento respecto del ejercicio artístico en sí!, hacer arte propiamente. Develados están desde hace tiempo aquellos que se atrevieron a hablar artísticamente de lo visto en galería o lo que escuchado en concierto: “contemplando” fruncen el ceño ya que estudiaron con mucho vicio o durante años a los griegos, los romanos, los medioevales, los renacentistas, los del siglo de las luces… lo que están contemplando en la galería les alcanza a parecer tan siquiera algo miserable -¡ya los conocemos!

Para efectos de lo mencionado que se tenga en cuenta su némesis. No es inverosímil pensar en la duda nacida al respecto, cuando se ahonda en la visión de los artistas y lo que atesoran sobre el arte en general o su disciplina; eso que se relaciona con “lo inexplicable” en el ejercicio artístico. ¡Cuántas cosas todavía ocultas pasan por la mente y el cuerpo antes de la transformación del momento, el devenir canción y mientras ella se sostiene en el tiempo! ¿Dónde desaparece la línea que diferencia el hombre común del artista? ¡Qué tipo de relación existe entre el cuerpo de la guitarra y el cuerpo del guitarrista!, todo sobre sus manos, la postura, como se coge la guitarra, cuán fuerte o suave se le da a las cuerdas, la respiración, el ritmo cardiaco, el cúmulo de sensaciones, si de día o de noche, “si vino Dioniso o no”… para hablar de ésas cosas, los ilustres han logrado ser menos suspicaces que para la galería y el concierto.

Si se habla de música, hemos de comenzar por lo siguiente: nunca se trató de masturbación auditiva en el bar, en la casa, en la sala de eventos o en cualquiera otro lugar; escuchar música no implica saber sobre ella. Hay –por ejemplo- quienes van por ahí vestidos personificando el Heavy metal, el punk, el rap y otros; unas veces sorprenden porque ¡no se sabe cuáles son las mujeres y cuáles los hombres! (…); saben quince (15) nombres de intérpretes, veinticinco (25) nombres de canciones, todo sobre la farándula en torno a la vida de sus favoritos; cuando se reúnen más de cuatro en el parque gritan como las gatas en pleno acto o hablan apresuradamente-rimado; finalmente se envalentonan e imaginan con la lágrima en el ojo que están haciendo música. Por mi parte –confieso para los oídos que sepan oír- es un ataque con sobredosis de grosería que tocará corazones, algunos tacharán el tono con el que se habla al respecto sobre esta descripción de lo que es saber absolutamente nada sobre música, sin embargo, hay que escribir las palabras que son, con el matiz que merecen, con el volumen adecuado para que los gritos les vibren fuertemente en el punto más débil del tímpano y con sinceridad. -¡Porque a ésos también los conocemos! ¡A los maestros de la peluca, la gorra, el colorete, el tatuaje y la sombra! ¡Ésos, los más interesantes de los fantoches! Si saben que la música suena ya es mucho.

En tanto música -en el estricto sentido de la palabra-, bien sea instrumental o canción, vale la pena poner en la mesa de conversación aquello de la desinhibición, la excitación, el desenfreno y la pasión (…) ¡Los pilares de la música son nada más y nada menos que todo lo que no nos pueden otorgar en las más prestigiosas o humildes de las academias! Qué pena por los académicos –dentro de los cuales también me encuentro- pero hay más matices, registros, escalas, vivencias, aciertos y desaciertos en la escena que en el aula. Si es música entonces sí, hace falta el hambre y la voluntad de ir a la calle. Los de las filarmónicas, las sinfónicas o los cuartetos de cuerda podrían tener una vida jamás imaginada y excitante si se apartaran un rato o para siempre del papel, de la prohibición en las quintas paralelas y ante todo de las órdenes del director, ¡el único que siente la música!

Que se suponga una situación (si es posible tener una guitarra o un tambor a la mano será mejor): 1. Los sonidos en los instrumentos acústicos aparecen en el mundo cuando se pulsa la cuerda y se golpea el parche o la madera, de inmediato el sonido empieza a desaparecer; entre aparición y aparición, existen a su vez constantes desapareceres; la lógica del sonido implica tener en cuenta aparición y desaparición como fundamento para una construcción sonora (quienes entiendan de leer y escribir relacionarán lo dicho con la gramática y no se equivocarán); cuando hay apariciones, el instrumento vibra gracias a su caja de resonancia y esas vibraciones pueden sentirse en el cuerpo dependiendo la posición tenida (¡por eso los maestros insisten sobremanera con la postura!). Si hay una transmisión del sonido al cuerpo por parte del instrumento, es plausible el viceversa y la interrelación de los sonidos del instrumentista con los del instrumento… si la persona canta, muy rara vez tiene la fortuna de encontrar instrumentos que vibren similar a su aparato fonador. 2. Se aclara sobre el punto primero que, lo hecho por el instrumentista consiste en ocasionar las apariciones del sonido, en cuanto a las desapariciones, ocurren solas. Ahora bien, los tiempos en las apariciones y las desapariciones pueden variar según el antojo del instrumentista: su constancia, experimentación y disciplina le dan pautas para hacer diversos ejercicios de redacción –si continuamos con el ejemplo de la lectoescritura-; con el tiempo logra apariciones de más confianza y expresión, la relación con el instrumento le ha dado vicios corporales, a veces no solo se mueven pies y cabeza, sino que se encuentra “dionisíacamente transformado”, sin tabús de cualquier índole está mordiéndose los labios y bailando solo.

 


Sebastián Ríos (Bogotá,Colombia, 1987.) Egresado de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Academia Luis Antonio Calvo (ALAC) en el programa de músicas folclóricas, con enfoque hacia la guitarra acústica y el cuatro llanero; Licenciado en Filosofía e Historia de la Universidad La Gran Colombia.