Para Agustín Cadena

 

Así exhaló el último suspiro y murió.

                                                                                     Dénos Dios a todos nosotros, bebedores,

                                                                  tan liviana y hermosa muerte. 

Joseph Roth, La leyenda del santo bebedor

 

Al principio, el hígado cirrótico es amarillo tostado,

graso e hipertrofiado (…), con el paso de los años,

                                                                           se transforma en un órgano parduzco, contraído.

Robbins, Patología estructural y funcional

 

 

Amanece la tristeza de las campanas,

escribo tu cuerpo,

agua que se vuelve musgo

y encalla en tus hombros,

poro de nube, piel que navega;

escribo la despedida y la palabra que se endurecen entre mis labios.

 

Tu muerte, como otras muertes,

fue breve, no dio tiempo de llorarte,

fue rápida, un poco incolora;

se quedó en mi mirada,

creció lentamente,

no se volvió flor o musgo,

se hizo herida,

granada putrefacta en despoblado.

 

Tu cuerpo, putrefacción lánguida,

fue construyendo tu camino,

dolor breve:

muerte ajena que entretejía cicatrices de alcohol,

muerte incierta y severa,

transparente, como tu piel;

te fuiste vaciando de a poco,

no había más sangre en ti.

 

Tus huesos,

susurro de almadías sobre el río,

se fueron evaporando entre tus costillas;

marca oscura de la memoria,

vaso que habita la sombra de tu muerte,

nuestra muerte.

 

Cuando me fui a otra ciudad tú habitaste un lugar terrible,

peleaste con demonios que no conozco;

cuando volví no pude decirle nada a la tierra,

ya se había asentado,

como corteza de árbol seco que se detiene en el aire;

mi adiós fue brusco y tardío.

 

Ahora queda solo tu aliento que cesa

y permanece sepulto bajo la piedra;

en las noches intento conjurarte

para preguntarte tantas cosas,

por ejemplo, si la muerte duele

o si quieres más mermelada de zarzamora.

Sólo queda tu aliento que permanece sepulto bajo la nada

y la casa que no se ha caído ante tu ausencia,

hogar de salitre y antigüedades,

casa edificada en el vacío de tu cuerpo.

 


Claudia M. Sánchez Cadena (Cuernavaca, Morelos). Estudió Letras Hispánicas en la UAEM. Sus poemas han formado parte de la revista digital Monolito, el blog Liebre de Fuego y el suplemento cultural La Jornada Semanal; en 2014 fue publicada su plaquette de poesía Reconstrucción (Ediciones Simiente). Participó también en la antología virtual Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra (Bitácora de Vuelos, 2015).

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