ALMUERZO

Me da miedo el puré de papa. Tan blanco, tan acicalado, tan personal como nalga de bebé bien empolvada. Me provoca estupor de infancia y me da temor que en cualquier momento se le ocurra una sublevación o revolución indoamericana y se desbarranque del plato y sea un zafarrancho el mantel y toda la mesa.

Prefiero un vaso con agua y que todo el resto sea imaginación culinaria.

 

PHYSIQUE DU RÔLE

Lo llamamos el viejo Willy por el simple hecho de querer parecernos extranjeros. Es hijo del viejo Tell y heredero de una antigua estirpe de ballesteros que ha ido sumando, con el tiempo, una no desconocida fama.

La infancia era ya casi un recuerdo y la preadolescencia había ido marcando diferencias. Con calzas y chaquetón, esa situación, se robustecía hasta el hartazgo y el carácter se había modulado a lo que perfilaba la aptitud de sus consanguíneos.

Las tardes ya no tenían la inocencia de otrora y el grupo se había ido diezmando pero la historia, como toda tradición, se mantiene en su fidelidad incólume. Hay sí, algunos cambios, algunas mínimas modificaciones: ahora me toca a mí, hacer de manzana.

 

PLACEBO

Paseando por la región, llegó a un espacio de aires aquietados, luz tenue, aromas sosegados, en que el trayecto ofrecía algunas alternativas. Pensó un instante al mismo tiempo que deshacía el esbozo de una duda y decidió avanzar hacia la derecha y seguir la flecha de neón que indicaba: duodeno.

COMPÁS

En Xinulsa se inventó el compás tal cual hoy lo conocemos. Mientras tanto, tuvieron que pasar varios siglos para que la simpleza de un instrumento tan necesario pudiese ser reconocido y mostrado en toda su entereza y utilidad para con la humanidad. Gigliollo Sini lo había ya mencionado al referirse a algunos ajuares de mastabas (en la Biblioteca Central hay documentación al respecto), Xenax menciona algunos yámbicos esbozos y, en lo que alguna vez fuera un virreinato al sur de América, se tejieron algunas historias. Tuvo que pasar todo este tiempo para que se volviese a hablar de Xinulsa y el compás, tal como hoy lo conocemos. Mientras tanto, tuvieron que pasar varios siglos y, en ese intermedio, surgió otro portento: el compás de espera.

 


Ricardo Alberto Bugarín (General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962). Escritor, investigador, promotor cultural. Publicó Bagaje (poesía, 1981). En microficción, su libros publicados son: “Bonsai en compota” (Macedonia, Buenos Aires,  2014),  “Inés se turba sola” (Macedonia, Buenos Aires, 2015), “Benignas Insanías” (Ediciones Sherezade, Santiago de Chile, 2016) y “Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017). Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, México, Perú, Chile, Colombia, Bolivia y Uruguay. Textos de su libro Bonsai en compota han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).

Integra las ediciones  “Borrando Fronteras-Antología Trinacional de Microficción Argentina, Chile y Perú”; “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” (edición argentina); “Vamos al circo. Minifición Hispanoamericana” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP, México) y “Antología Iberoamericana de Microcuento” (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia).