La impostora

Soy una impostora. Sí. Soy Paquita Pérez aunque mi papel de registro diga Francisca de la Consolación Pérez Gamba, nacida en Olavarría, en esta provincia de los Buenos Aires, como me gusta decir a mí. Hice mi estudio elemental en la escuela de señoritas pero como no me gustaba estudiar, ni bien pude, me agregué a este barrio trotamundo. En un inicio fui la ayudante del comefuego, después tuve mi etapa de maga colindante para ser después, de mis años mozos, la mujer barbuda junto a un ruso que duró menos que un pelado en la nieve y en cuanto éste se fue, me hice tiracuchillos junto al tano. Al tano lo conocimos en Arroyito y se nos unió. La primera vez que lo vi desnudo lo que me pateó el corazón fue ver sus tetitas de perro, dos pezones rosados encerrados en una gran mata de pelos, lo demás ninguna otra novedad. Nos casamos y armamos rancho aparte y preparamos nuestro acto. Doce años de ser madame Brucoitte y su consorte Braccamonte hasta que ayer fue el suceso. No viene y parece que se desvía una daga y va a darle justo bajo su tetilla derecha. El chorro fue instantáneo y su desplome súbito. La gritería que se armó en la carpa no fue menor. Y aquí me tiene usted, metida entre estas paredes y en proceso de averiguaciones. Ya supe que lenguas rápidas han andado armando tremolinas. Ya me enteré que al difunto lo han reclamado los parientes. Y yo aquí, como una tonta que no se cansa de repetir la verdad de su inocencia. Menos mal que hace unos días quemé las traicioneras cartas que la idiota Mimetta, la que juega con los estúpidos perritos a la pelota mientras despliega danzas bobaliconas, le mandaba a mi tano. El muy taimado las tenía atadas en paquetito dentro de una lata de betún para correas. Esa pava ni se imaginaba lo que podía llegar a hacer una galleguita nacida en Olavarría, en esta provincia de los Buenos Aires. Y aquí me tiene usted, vestidita de organza, defendiendo mi inocencia.

 

Piti y Yim en los jardines de Kensington

Ahorraron todo lo necesario. Acomodaron horarios, francos y vacaciones. Aumentaron ahorros con un crédito. Seccionaron el futuro en cuotas. Armaron y desarmaron valijas por lo del sobrepeso. Viajaron. Se desilusionaron.

La realidad no se parece en nada a la literatura.

 

Nobles saberes

El rey deshizo, candorosamente, la trenza. Un aroma a sándalo se agolpó en el recinto.

Sobre la alfombra, festonada de plata, se inició el ritual de danza que antecede a la cámara.

Una vez traspasado el pórtico áureo, el acortinado espacio ahuyentó todo sonido.

Las túnicas perfumadas, los brazaletes dorados, la pedrería de anillos, todo fue olvidado.

La libación conjunta fue umbral de encuentro de los enamorados. Luego, bajo el baldaquino de gasa tornasolada, el eunuco ofrendó su saber apasionado.

 


Ricardo Alberto Bugarín (General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962). Escritor, investigador, promotor cultural. Publicó Bagaje (poesía, 1981). Bonsai en compota –microficciones-(Macedonia, 2014) e Inés se turba sola .microficciones- (Macedonia, 2015). Actualmente en proceso de edición Benignas Insanías –microficciones- Premio Convocatoria 2016 de Editorial Sherezade de Santiago de Chile. Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, México y Uruguay. Textos de su libro Bonsai en compota han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).

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