I

Habito un pedazo de lago

en las reverberaciones telúricas

de su alma rota.

 

Las tardes de lluvia

Reviven espejos que agónicos se niegan a la muerte.

Aunque sólo sea un momento.

Aquí en la tierra

Que el cielo nos regale

La eternidad del agua

 

Madre Chalchitlicue

de  jades robados

Padre Tlalóc

Y tus  venas rotas

 en cada perforación del cerro

 

Rezo de los años sagrados

Guardados en un rincón de museo

 

Su ausencia

En los peces

En la tierra

En la milpa

En el pasillo del mercado

Donde el marchante se desdibuja lentamente.

 

Huella de sequía la indiferencia.

 

Mis ojos se hunden en sueños lacustres

En las noches de vientos que silban

La morada perdida.

 

Los astilleros cargados de hierro

Y la ciudad incendiada

Hundida para siempre en

Costras de concreto

 

Su alma vaga

 

Con la sal y sus recuerdos

 

De ahuautle y tequezquite

De chichicuilotes y garzas.

 

Toca las ventanas furibundo

Se revuelve en tolvaneras

Que se almacenan en puertas y balcones

 

Lleva un canto de viento

Con él que grita en la madrugada

A veces pienso que regresará la fuerza del agua

Rotos  los diques

Libres las almas

En la destrucción de la cuenca

nos colapsaremos

 

El ruido de los aviones

Y las garzas desorientadas de su camino

me despiertan

 

ecos de la humanidad

en el despojo.

 

Soy el murmullo olvidado

Del muro periférico

 

Una mirilla me apunta

Cada que pongo afuera mi voz.

 

Me pierdo en los carrizos

del pantano de los tiempos.

 

 

Balam y su tortuga.

 

Tenías que traer la mirada curada de espanto

el  don supremo para ir de la Vía Láctea

a los laberintos abisales que nos enseñan

quién es realmente nuestro más grande enemigo.

 

Traías además, el olor de los grandes caminantes

entre fogones y geografías de árticos biodiseños

tomillo, orégano y romero.

 

La selva y sus lúbricas señales en piel

largas formas y un mentón felino.

Las cicatrices de tus manos

y la imperfección en nuestros deseos.

 

Lo que pasaste a habitar nadamás con tu risa.

 

Un genio compasión hombre sabio

Un niño en su habitación

Un gato que cruza de madrugada

Se asoman por mi ventana

Con la simpatía de no complacer a nadie

 

¿Me dejas caminarte de noche?

¿Hacerte el inventario de las constelaciones

En tu piel?

 

Chance y mañana te amanezco

yéndome hacia otra parte.

Así me ha tocado:

Disgregada.

 

Tú también sabes que la gente viene y va,

que a veces promete cosas que no desea cumplir.

Hay que dejar de contaminarse la mirada

Y de escaldarse la lengua por un trozo de corazón

 

Siempre recordaré lo que sentí al tocar tu alma

Las falanges de tus manos que me quitaron la tierra del tiempo

Y los adioses.

 

Tampoco hubo esperanza,

pensamientos en la fila de espera

y cargas de más para cuando

la libertad hiciera su llamado.

 

Sé feliz en tu casa de árbol Balam.

 

Sean los nados de la tortuga

y la belleza de la espiral aurea

Tu destino

Ya sabemos que acá la humanidad no la arma

Por el momento, no se cansa de sus propios pretextos.

 

Presiento que te hallará la noche bajo las ceibas,

donde el dinero no vuelve invisibles los sueños

y se puede ser polvo de cometa

dejando sus semillas más allá

de las humanas decisiones.

 

Aleteo del pelícano en la luminiscencia acuática,

el pez que en simbiosis besa al coral.

Si huella dejo,

que el mar se lleve cada arena

donde los ojos no pongas.

 

Lo digo por mi deseo

eso de sentir delicia por tu cuerpo tibio

y la calma en tus pupilas.

 

Si un día tienes ganas

Ya sabes cómo entrar por mi ventana.

 

 

Tlaltecihuátl.

 

Suele pasar que los desplantes y rechazos se vuelven cotidianos.

 

Que se empieza a navegar por la sombra de los ríos, cuidándonos de las piedras y los golpes bajos.

 

Suele pasar que los rechazados nos encontramos. Que los recodos dejan que nos sentemos para habitarnos en las palabras y el recuerdo.

 

Que de tanto en tanto nuestros dedos tocan el alma y nuestros besos envuelven arterias que bombean la sangre para continuar adelante.

 

Suele pasar que se vuelven insoportables las siempre vivas que se arraigan en medio de la sequía y el silencio. Que se abrazan con sus ramas y se sostienen a sí mismas al palpar la luz.

 

Todo eso es insoportable. Porque nos dijeron que se necesita de lo extraordinario para que tenga derecho a permanecer con el permiso de los que nos rodean.

 

Nuestro culto es no tener culto. Y nuestra protesta a las catedrales, es que todo lo encierran. Por eso es que cada cosa puede funcionar como un templo.

 

Hemos de sacar al sol los pedazos de barro que otros adoran. Hemos de poner a la luna todos esos conjuros que hablan del amor y la muerte.

 

 Somos paso con recuerdo.

 

Nahualas.

 

Coyotas.

 

Güilas.

 

Gallinas.

 

¿Has visto como reviven las plantas?

 

Tal vez.

 

No nací para escribirte un buen poema de amor

Soy un fantasma, inoportuna, viajera, viajada.

 

Soy además, un desastre,

Necia e iracunda.

 

Prefiero lo subterráneo,

Lo invisible, lo imaginable, lo innombrable.

 

Tengo recuerdos de ti,

No hemos cambiado tanto como parece.

 

Al igual que las plantas en la tierra,

Se afianza nuestra sobrevivencia.

 

Un poco más allá de nuestra voluntad,

Donde los amorosos no cantan, ni recitan versos.

 

Estoy hecha de fragmentos, de distancias y de anhelos.

Conozco del dolor, las pérdidas y  hace poco de los celos.

Soy mujer, seductora, pierde almas

Una versión pasajera de la pasión.

 

 

 

Soy realidad con espinas.

Quisiera ser amiga, cómplice, refugio.

 

Una sombra para las tardes de sol,

Un río que corre libre mientras lo beben.

 

La palabra exacta que dure para siempre.

 

Tal vez no pueda hacerte un buen poema de amor,

aunque quisiera.

 


Samantha Belén Martínez Maya (México D.F. 1989). Aunque Ciudad Netzahualcóyotl la vio nacer, fue en la colonia Doctores y en Iztacalco donde creció escuchando las historias del lago, viendo el Templo Mayor con su sábado de marchantes y los arreglos infinitos por los que pasan las ciudades. De D.F., Michoacán, Veracruz, Chihuahua y hasta la pizca de Oaxaca es que trae la sangre. Aún así, aprecia lo que escucha del lago, de Chimalpahín y Netzahualcóyotl, de Tlacaelel y Moctezuma, Quinatzin o el Popol Vuh.

Estudio la preparatoria en la Universidad Autónoma Chapingo, actualmente es pasante e la licenciatura de Antropología Social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha publicado cuentos en las revistas Castálida (Toluca, 2008), Siembra (UACh, 2006), Molino de Letras (Texcoco, 2006 y 2015), en la antología Sampler (ITC, Tlaxcala 2015), Los muertos no cuentan historias (Fondo Editorial del Estado de México, 2015) y poesía por medios electrónicos cómo la revista Megazzine (2016).

 

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