EL TIEMPO NO IMPORTA para quienes todavía tienen la capacidad de ver las manecillas del reloj y echar un pedazo de litio sobre las montañas de vidrio, que es igual a darse cuenta que los globos de calor en el cielo fueron, o podrían haber sido lanzados por nosotros.  A veces ese atravesar de nubes hace que  los días parezcan  estar constituidos de camellos, focos fundidos y pedazos de papel descuidadamente cortados. Y tal vez poniéndole más empeño sacaríamos el verde del violeta o crearíamos nuevos y aún más hermosos colores, y entre tanta cosa dentro de nuestra cabeza olvidaríamos que los días son interminables; podríamos sentarnos frente a un alfiler y leer un dibujo que aparentemente nada tiene que ver con la selva o con un castillo o con una guitarra; podríamos destruir mundos dentro de otros mundos y encontrar la felicidad que, tal vez, sólo sea contemplar el acantilado bajo la lluvia,  con un grito vibrando en la garganta.

Abril y 2013.

 

EXILIO DE LA LOCURA

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Ilustración de Bren Sue

–                   0
–                   La niebla es un conejo que cae de tus manos
–                   que no sabe de horas ni encierros ni canciones imposibles,
–                   la niebla es un pajarito que cae de tus manos
–                   que no es tiempo ni verano ni mucho menos un muchacho
–                   arrodillado en mitad del horizonte.

                    1
–                    El otoño apareció agonizando por las ventanas
–                    las banderas caían o se volvían televisores a blanco y negro
                    el rock y la cerveza eran islas lejanas
                    que no veríamos en mucho tiempo.

–                   2
                   Te me enroscas al cuerpo.
–                   Caminas por calles que  tarde o temprano
–                   terminarán por llevarnos a la Alameda
–                   a edificios a los que rendirán homenaje
–                   viejas estrellas del cine inglés.

–                   3
–                   Tu voz será el desastre
–                   y aullará bajo la constelación de viejos centauros
–                   y será esa constelación la que ilumine tus pasos y atile tu rostro.
–                   Tu voz será el desastre
–                   o una jauría de pájaros dulcemente atada al silencio.

–                   4
–                   También de la yerba de mis muslos te sorprendí comiendo.
–                   Te llamas aguijón, primavera o desierto
–                   y yo me canso de sostener
                   tu cuerpo en el aire.

Ernesto Medina Perea