¿Dónde está el niño que yo fui, sigue adentro de mí o se fue?
Pablo Neruda.

Contra la naturaleza primera de lo que quisiéramos seguir siendo, nuestro inconsciente se rebela e insiste en destruir los recuerdos que acumulamos a lo largo del tiempo; la memoria se ve mermada por sí misma y no se aflige al momento de remplazar la fiebre de la infancia por el último temblor del año. Poco a poco nos consumimos hasta terminar siendo lo que somos: recopilación de instantes fácilmente reemplazables, sin raíz ni atadura.

Hay algo más tenaz que la memoria, el olvido. Dice Elizondo en la crónica de un instante. Habremos de darnos cuenta demasiado tarde que la memoria, siguiendo esta fría sentencia, tuerce el rabo antes, mucho antes que el olvido que de sutil manera avanza por los rincones menos visitados de nuestra red neuronal, devorándolo todo.

No sería extraño entonces que un día amaneciéramos en el Macondo de las notas sobre los objetos para no olvidar cómo nombrarlos. Un páramo sin nombre, arbitrario y desordenado a causa de un olvido colectivo que se ha despegado de un sólo tajo de todo polvo de la memoria. Nosotros somos lo que nombramos, y si nos olvidamos de nosotros mismos estamos muertos.

Ernesto Medina
México, D,F.

_

_