El arte es mutilar la epidermis de la realidad para configurarla en un segundo discurso, es decir, construir un referente ajeno a esa realidad, pero siempre conservando su esencia, un vínculo entre los elementos elegidos y los reconstruidos por el creador, de tal manera que el receptor pueda identificar algo de su realidad y el artista pueda olvidarla mediante un acto transformacional.

J. Marín

       ¡Son puras mamadas! Arrancó la página mientras las venas del cuello lo ahorcaban del coraje. Ella lo miró asustada y pensó que jamás terminaría su tesis. ¡Arte… arte, no sabes ni madres! Golpeó la mesa y se levantó enérgico. Rodeó el escritorio alargando los pasos: quedó justo detrás del respaldo de la silla, la tomó de la nuca con una mano, mientras con la otra le cubría los gritos para que no interrumpiera. La puso de pie de un jalón, entretanto vociferaba, ¡te voy a enseñar lo que es el Arte para que dejes de citar pendejadas! Dijo, escupiendo cada palabra con una rabia acumulada de nacimiento. ¡Mmm, mmm, mmm! La arrastró cerca de un banquillo donde se encontraba un recipiente con goma de silicona y de golpe le hundió la cara. No paró hasta que…

Esto es el Arte, un proceso de reconstrucción de lo ya visto, de lo existente. El verdadero escultor debería confeccionar otra realidad y no conformarse con imitar lo que ya se conoce, de manera tal que el espectador se asombre de la novedad que presencia. Otros escultores, para mí simples artesanos, se conforman con la imitación, con la copia, se obsesionan tanto con retratar la realidad que olvidan la condición poética del arte. En mi opinión el arte crea y no imita; los artistas son pequeños dioses y no simples fotocopiadoras.

Con ambas manos, pesadas como piedras, dejó caer su frustración, su mediocridad, su miseria. Alzó la mirada y se contempló tieso; el espejo que lo miraba, parado con rigor al fondo del taller, siempre dividiéndolo con perfecta simetría, tenía sus ojos, los mismos que usaba para esculpir.

Muy interesante, maestro, ¿entonces usted no cree que el artista exprese sus sentimientos, sus emociones, en cada obra?

No, ésas son patrañas, resultado de las feromonas que le inyectan al pollo, el verdadero artista entiende que…

Después de gastar sus fuerzas entibiando su ira, avanzó despacio hacia el espejo de pie, lo tomó por las orillas con ambas manos y recargó la cabeza. En seguida la cara se le iluminó con un eureka: le faltaba una escultura para su exposición.  Los ojos que lo miraban, revolviendo el silencio, parpadearon. Agachó la mirada: siempre lo había intimidado; se concentró en escuchar lo que decía: el hombre, sobre todo el artista, halla, una vez cada determinado tiempo, justificaciones para todo acto; un motivo que va más allá de la moral o la ética: el arte. Al oír eso levantó la cabeza.

Para el arte todo está permitido, es decir, los sentimientos, querido amigo, el autor no está obligado a experimentarlos en carne propia, pueden ser ficcionales. Cosa contraria pasa con el receptor, éste hace un pacto con la obra y los sentimientos que se identifican son expresados por él; entonces sus sentimientos, y no los del artista, se resignifican en cada acercamiento al objeto artístico, en cada interpretación.

Sus pupilas bostezaron como el hocico de un pozo. Su otro, el que se abría las pupilas con las mismas ganas, lo miraba sin miedo. Se acarició la barba y el otro terminó de hacerlo. Nadie dijo nada, con indolencia el de enfrente se alejó, dándole la espalada.

Fascinante, eso le quita humanidad al arte, ¿no lo piensa así?

No, porque el otro es el que proporciona esa humanidad, y por el otro me refiero al que recibe la obra artística, al que la contempla, ¿qué importa si uno llora como Magdalena al esculpir si no puedo transmitirlo en el objeto mismo?

Es una muy buena respuesta, pero entonces, ¿cuál es su proceso de creación?, ¿son acaso las Musas o algún Ángel su motor creativo?

No, de ninguna manera, las Musas son para los cuenta sílabas y el Ángel para las madres solteras. Te lo voy a explicar, algunos artistas podrían atribuirle a las Musas toda su obra, pero yo no, ellas vienen de cuando en cuando y se posan a la izquierda de uno, se desnudan, les pagas con desvelos y se van: es una prostitución divina, una inspiración desechable; el Ángel, por otra parte, solamente baja con las ganas de despeinar, de alborotarle a uno las neuronas y dejarlo así, alborotado. En mi caso todo depende del constante trabajo de reorganización. Como ya te he dicho, todo está dispuesto en el mundo, sólo hay que transformarlo. Lo más importante para el escultor es el perfeccionamiento de…

La técnica más arcaica para el fundido del cobre fue la más certera para duplicar los fragmentos que andan sin temor por el mundo, como aquella mujer. Ya había obtenido lo que necesitaba: un molde. El vaciado era lo único faltante. Hacía tiempo que lo venía pensando y esa cita fue el motivo perfecto para exteriorizar sus sentimientos. Con un esfuerzo casi sobrehumano vertió el cobre por el bebedor del molde: poco a poco el metal líquido fue penetrando en cada rincón para darle permanencia a la naturaleza inconsistente de la realidad.

Me imagino los esfuerzos que suponen confeccionar una escultura según sus dimensiones, ¿cuánto tiempo le lleva todo el proceso para considerar que una escultura está terminada?

Días después, con un martillo comenzó a quebrar la cerámica que protegía a la escultura de bronce. Sabía que debajo de ésta encontraría una pieza idéntica pero imperfecta: el proceso acarrea una serie de defectos en el metal. No importaba mucho, conocía el procedimiento. Soldó los agujeros y después pulió toda la escultura. Antes de aplicar una cera para abrillantar, la admiró de lejos y notó desesperado que su estilo no estaba impreso en su nueva creación. No tenía nada que ver consigo. Entonces, recordó la escultura de unas alas, forjadas en ese mismo taller, las cuales también le parecían incompletas.

¿Y las Alas de Reforma qué significan? Me parece que es una de las piezas más representativas de toda su obra, incluso me atrevería a decir que es su sello personal, su estilo.

Es cierto, muchos economistas del arte, mal llamados críticos, le han atribuido un sinfín de significados, interpretaciones y sobreinterpretaciones; pero su sentido es mucho más sencillo: representa la dicotomía entre realidad y ficción que a su vez invita a la libertad, mediante una transición subordinada. Es decir, un ejercicio de complementación. Las alas no necesitan una figura fija, una creación propuesta por mí, sino un acto cooperante entre la obra y el espectador. El otro, sujeto indispensable para la obra de arte, le da autonomía a las alas y éstas, a su vez, fingen su libertad. Cada uno es libre a su manera y cada fotografía conlleva una representación nueva de la libertad; es un acto inconsciente para emanciparse de la realidad. Por lo tanto, cada fotografía se convierte en una nueva escultura.

¡Excelso! Escuchándolo me doy cuenta, entre líneas, que habla del Otro como de sí mismo, ¿siempre crea pensando en el Otro?

Lo pensó largo tiempo y decidió soldarlas a la espalda de la mujer. Pero algo impedía tal empresa, quizá la soldadura, quizá la aleación del cobre no soportó las alteraciones en el proceso y eso imposibilitaba la unión. Trató empecinado pero sus esfuerzos resultaron inútiles. Lo invadió una angustia y una inmensa desesperación, para luego convertirse en una furia que desencadenó en un acto de violencia, parecido al de la primera vez. El que lo miraba desde el fondo del taller empujó a la escultura con todas sus fuerzas hasta que ésta fue a dar al piso.

¿Hacerlo de esa forma no le impide trasmitir su esencia?

Estaba bocabajo, indefensa. Con la antorcha de la soldadora la apuñaló una y otra vez: la dejó irreconocible. Cayó de rodillas, sus ojos reventaron, lo vio llorar, se rasguñaba la cara, se golpeaba la cabeza contra el suelo hasta que la rabia se fundió en sus párpados y, casi por instrucción del llanto, se hundió en un sueño profundo.

Al despertar lo observó en medio de la escena del crimen, estaba devastado, sus ojos y su cara tenían el color del bronce chamuscado. No pudo más y se repitió el llanto. De pronto, como si los eurekas lo persiguieran, levantó la cara y del otro lado del espejo, que yacía frente a él, se esculpieron en sus espaldas unas grandes alas de bronce.

Y para concluir con la entrevista, le voy a pedir al maestro que nos sintetice su concepto de arte en una breve definición, a partir de los atisbos que nos ha ido entregado a lo largo de esta enriquecedora charla.

Antes de contestar recordó la primera escultura e irremediablemente al otro, al escultor que le otorgó una forma de libertad. En seguida, y sin dudarlo, concluyó: el arte es mutilar la epidermis de la realidad para configurarla en un segundo discurso, es decir, construir un referente ajeno a esa realidad, pero siempre conservando su esencia, un vínculo entre los elementos elegidos y los reconstruidos por el creador, de tal manera que el receptor pueda identificar algo de su realidad y el artista pueda olvidarla mediante un acto transformacional.

 


Yobany García Medina (Estado de México, 1988). Licenciado  en Lengua y Literatura Hispánicas, FES-Acatlán (UNAM). Miembro fundador del Seminario Permanente de Metaficción e Intertextualidad (FES-Acatlán). Ha publicado en diversas revistas y antologías, entre ellas: Monolito, Revista Bistró, El Humo, Penumbria, Nocturnario, Palabrijes, Bitácora de Vuelos, Rojo Siena, Página Salmón, Revista Minificción, Revista a Buen Puerto, La Rabia del Axólotl, Primera Página, La otra Voz, Moria  y Destiempos n. 43, 44 y 45.