La publicación de arte y literatura es un reto, un desafío en una sociedad que no sólo no lee y mira de soslayo a sus jóvenes artistas, sino que observa pasiva como persiste la injusticia y la miseria en una cotidianidad mexicana llevada casi al absurdo. Esa misma sociedad delinea para los jóvenes un panorama de desaliento y fracaso, además de pronosticar para los interesados en el trabajo artístico impedimentos y pugnas nada fáciles de conciliar.

¿Cómo incidir, alterar, transformar el medio artístico mexicano? ¿Es posible? ¿Se puede salir cuerdo de esta querella contra “las buenas costumbres” del arte mexicano?

Numerosas revistas digitales entienden la importancia y las implicaciones de la publicación digital y diariamente publican la creación artística y la crítica contemporánea de un México que exige a gritos nuevos medios y nuevos contenidos. Proyectos fundados en tomar en cuenta el trabajo sobre una obra sin interesarse por el currículo oficial que decreta una trayectoria o un dudoso talento. Así estas plataformas de difusión se vuelven una afrenta a la distribución y a la relación artística ortodoxa que se ejerce en Latinoamérica. Cuando las vacas sagradas mueren no se necesita un séquito de sus correligionarios, sino valientes taxidermistas, estrictos detractores o partidarios.

En La Rabia del Axolotl, creada en 2012 en Venezuela, damos lugar a jóvenes con poco o ningún reconocimiento pero que se dedican con esmero a una expresión auténtica y libérrima. En ocasiones en La Rabia se puede encontrar la crítica más despiadada y políticamente incorrecta, el poema más visceral, un cuento como expresión catatónica de la realidad. Se puede ver el trabajo de ilustradores talentosos con una mirada propia, a las voces más divergentes y diversas.

Elegimos el axolotl porque pensamos necesario hablar de la metamorfosis trunca y la muerte del latinoamericano en el siglo XXI. El axolote que viaja por el cuadro de los jóvenes latinos en los almacenes del desempleo y la apatía esperando una redención imposible. El anfibio arquetípico del mestizaje afronta la destrucción del México industrial desde hace décadas y persiste con desconfianza entre el pasado y el presente, sin ningún futuro. El axolotl afronta una lucha contra la muerte y el olvido, se transforma y trasciende y ahora en plena era digital se resiste al cambio. El Caín azteca es el deforme que no quiere morir, sacrificó a los dioses y robó los huesos de los muertos del Mictlan para esconderse en la oscuridad.

 

La comunidad digital en la que mayoritariamente se mueve la Rabia del Axolotl, es teóricamente un marco global, igualitario y sin jerarquías, donde la fragmentación social y la censura parecieran cosas del pasado. Sin embargo, basta mirar con detalle para ver lo excluyente y hermético que es esa comunidad, cuyas brechas digitales pareciera insuperables. Me refiero a que la mitad de la población no tiene acceso a internet, es decir sólo quien puede y sabe usarlo lo maneja a su gusto, encontramos de nuevo las mecánicas clásicas del poder mediático. Por ello la población que se acerca a la publicación de arte en internet debe buscar una comunicación igualitaria frente a su identidad para transgredir simples fronteras políticas, pero saber que eso no basta. Para romper la burbuja cibernética de jerarquías y contraposiciones se necesita más.  No se podrá crear una comunidad digital que tenga una implicación crítica en la sociedad mientras, por ejemplo, un software privado nos condicione, restringa y controle nuestra interacción, una distribución libre del arte no puede estar sesgada por lógicas comerciales o gubernamentales.

Con fines de compartir mi experiencia en el proyecto de La Rabia del Axolotl, a cuatro años de fundarlo y a un año de relanzarlo, puedo concluir lo siguiente en lo que respecta a mi aprendizaje en la gestión cultural:

-Es posible afrontar el sistema clásico de distribución. Se puede leer, ver, intervenir en cualquier lugar de las ciudades latinoamericanas. No hay nada prohibido.

-Las colonias, barrios, pueblos, los lugares no comunes del arte, están llenos de creadores, de propuestas, de alternativas. Dejémoslo todo, nuevamente, otra vez.

-Todos pueden ser creadores y público a la par, es decir, excluir es reducir. El público está expectante de ficción y otredad en una cotidianidad nefasta, por ello necesitamos transgredirla, entenderla y ponerla en crisis.

-Los jóvenes artistas necesitamos dar una respuesta a nuestro entorno basada en la identidad y en la reflexión no automática de nuestros valores.

-Hay que entender el rencor y la rabia es no temerle, dejar de hacerles estatuas de humo.

-No sólo debemos dar cuenta de lo que pasa sino intervenir tácitamente en los medios de publicación, edición y en la transformación de nuestro entorno. Fomentar el pensamiento crítico y colaborativo.

-No hay, ni habrá, una vanguardia, una corriente, un medio o una cabeza que seguir por ello debemos ser nosotros -mismos los que demos el golpe de estado cultural. Es obligatorio buscar por todos lados, especialmente en los menos comunes, nuestros medios, nuestra sobrevivencia, nuestro apoyo.

-Debemos entender el internet como una herramienta única y poderosa, no un lastre o un grillete digital. Pese a ello es vital salir a las calles, hablar en vivo, la letra impresa. Cualquier lugar es un escenario.

-La digitalidad incide de forma directa con lo que somos y hacemos más de lo que hemos pensado. Podemos en internet participar libre y responsablemente en acciones autorreguladas.

 

Ofrecemos en La Rabia nuestro espacio y nuestro esfuerzo para conocernos y dinamitar lo establecido. Creemos que como artistas, críticos o gestores caemos en una metamorfosis continua, sin regreso. Debemos entenderla y aprovechar su esplendor, antes de que, otra vez, las armas se nos deshagan en las manos.

Muchas gracias.

*Conferencia impartida en el CEECIL XVII, UAM-I, el 19 de octubre del 2016