Jaime Labastida es un autor del cual prefiero leer su obra ensayística que poética. Esto, claro, es una cuestión de gustos: habrá quien opine contrario a mí. A dos de sus libros críticos regreso reiteradamente, La palabra enemiga (1996) y El amor, el sueño y la muerte en la poesía mexicana (1969). Del primero, destacó uno de los trabajos más sesudos alrededor del gran poema de José Gorostiza, Muerte sin fin; del segundo me sorprende, en primera instancia, la juventud de Labastida cuando lo escribió: 29 años. Concatenado a la lozanía del autor, y a través de un conjunto de poemas canónicos de la poesía mexicana que el autor seleccionó para construir una antología, en este volumen se halla una mezcla de rigor y profundidad mediante un prólogo, mejor dicho un estudio, el cual es el análisis posterior a la contemplación de una lectura astuta y siempre renovada. Siempre he creído que son necesarios estos ejercicios literarios serios, comprometidos, y es más destacado aun cuando nacen de una pluma novel. Con base en tres lugares comunes en la poesía –no sólo mexicana-, amor, sueño y muerte, Labastida emprende su búsqueda, construye sus conclusiones, dando como resultado la reflexión que roza los límites de la especialidad académica. Además, es preciso destacar el tino en la elección de poemas, desde los muy visitados Primero sueño y Piedra de sol, hasta poemas (casi) olvidados como A una cómica difunta e Idilio. El amor, el sueño y la muerte en la poesía mexicana es un trabajo severo, bien valdría retomar este estudio para hacer un mejor examen acerca de nuestra poesía.