Espera a la sombra

La soledad llena los vacíos en su habitación.

Es mi carne: sueña con manos como garfios,

que se deslizan por la espalda del cadáver exquisito.

La tímida asesina pretende el deseo:

vibrar en la pasión desde

el coxis de la voz suave

(que le canta).

Con la noche de testigo rozarle la piel,

estremecerla con las yemas putrefactas por la tinta.

Prender fuego en la sangre de la víctima.

El reflejo en los ojos dilatados: el crimen

/alucinante/.

Quiere ella morder sus negros intestinos,

entrañas hasta desbordar las llamas que lo cercena.

Diosa surgida de la bilis,

llévanos a la cima del Acrocorinto

y enséñanos el verde juego del paroxismo;

verdugo de la lengua

o la sílaba de la súplica.

Taciturno el espíritu de la joven fratricida

que espera a la sombra.

La soledad es un gancho manchado

de sangre en su habitación.

 

 

 

días negros

cuervos arrancan

la espina dorsal de un caballo irreverente

tiñen de glóbulos blancos

                                              el cráneo

sólo puedes arrancar

la epidemia voraz de tu memoria

guardados en féretro

los segundos que penetran voces

                        que regurgitan voces

ahogándose en las espinas

 

el nacimiento interminable de la muerte

 

 

 

mismo cielo

astro negro

                            lámpara negra

en mis pupilas

                            es la llaga

que arde

la que grita

                            sílabas de pus

quién pudiera tocarlas

para lanzarlas al ojo del dios

que al otro lado del mundo escribe

astro negro en la escritura roja del músculo

grita desde el ojo

                              dios de pus

 

 

 

 

se apaga

en cristales

mutilado otra vez   …   corto cada tendón de la mano

mano que no quiere volver a tocarte

epidermis que no quiere volver a sentirte

echada al abismo

la perpejlidad me asalta

no tengo P

                  A

                      R

                          A

                              C

                                  A

                                      Í

                                        D

                                            A

                                                S

                                                        en un vuelo subterráneo

el viento me a r r a n c a                                                          el viento me a r r a n c a

un escalpelo enloquece mi boca

partida en gajos amargos

metacarpo es a mano como laboratorio

es a despiadada palabra que tus labios inseminan

                                                        solución cáustica

                                                        ahogas la mano verde ahora

se apaga     se apaga     se apaga el fuego

muñón que besas la entrada del coágulo

no esperes nada

 

 

sola

como el búho que se interna

en los párpados del bosque

con el soplo del viento

 

melodía que abraza sus venas

entra en ellas la insulina

dibujándolas en violáceos cardiogramas

 

suave cae a los pies del tronco

se reúne

y el color violeta dibujado

abre sus venas

sonrisa

 

un golpe repentino

entonces

vuelve a flotar

vuelve a vivir

animal entusiasta

recupera tu color vibrante

 

 


Alejandra Olson (Ciudad de México). Poeta, narradora, diseñadora. Reside en el Distrito Federal, su ciudad natal. Publicó en Cuentos para picar de Letras Tintas. Ha colaborado en revistas virtuales. Integrante del grupo Perfieria de Escribidores Forasteros, precedido por el poeta Sergio Ernesto Ríos. Alumna puntual en diversos talleres, tanto de poesía como de narrativa.