En el 2013 conocí a Juan Álvarez (Neiva, Colombia, 1978) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, enseguida me atrajo su discurso libre y contestatario, crítico de la literatura contemporánea y el gobierno colombiano.

Ahora recupero unas preguntas que el año pasado le hice sobre su obra y en especial sobre su libro C.M. no récord, una rock novel bogotana recién reeditada como Candidatos Muertos con el sello editorial Planeta. En la novela, jóvenes latinos buscan su propio sonido entre la violenta ciudad, algo que recuerda a Caicedo pero con un beat diferente. La generación noventera que camina de lado del complot sónico.

Poseedor de una potente voz narradora Juan Álvarez ha encontrado una coherente renovación a través de los libros por los que ha trascendido. No es un alquimista que repite formulas. Prueba de ello es su última novela La ruidosa marcha de los mudos (Seix Barral, 2015), un vistazo histórico y personal de la historia independentista colombiana.

He aquí la entrevista.

 

¿Cómo ha sido la transformación o el desarrollo de la voz narrativa de Juan Álvarez desde Falsas alarmas hasta La ruidosa marcha de los mudos? ¿El lenguaje ha tomado mayor importancia en tu última novela? ¿De qué forma?

No lo sé. No creo que mayor importancia en el sentido de ‘ahora sí me doy cuenta de lo importante que es el lenguaje’. No lo creo. La premisa artística de entrada es siempre la consonancia entre lo que cuentas y el hallazgo de una manera de decirlo; de un lenguaje. De pronto en La ruidosa marcha de los mudos (2015) es más evidente porque existe la tensión de un lenguaje temporalmente lejano y por tanto tenía que ser más radical; sin embargo, en C.M. no récord (2011, y que a propósito, a partir de este año, cuando la vamos a reeditar, pasará a llamarse como originalmente se llamaba, Candidatos muertos) esa exploración del lenguaje también existe, entre otras cosas porque al hablar de música se impone la pregunta por una determinada dimensión acústica de este. Quizá se trate de un lenguaje menos ‘extraño’ por lo contemporáneo, pero en cualquier caso, al leerse, al escucharse adentro en el cerebro, estaba, está en la obligación de resonar la propia música sobre la que relata y la ciudad protagonista en todos sus matices.

 

¿Cuál fue tu motivación para escribir La ruidosa marcha y cuál fue el proceso de investigación histórica para escribirla?

La motivación fue encontrar la manera de hacer novela histórica pero con una carga de resonancia del pasado en el lenguaje, sabiendo por supuesto que igual este tenía que ser pop y contemporáneo. Buscar la manera de habitar esa paradoja.

El proceso de investigación fue, fundamentalmente, comprender de qué manera las fuentes primarias pueden funcionar como reservorios de gérmenes futuros. De qué manera no son únicamente despositos de datos del pasado a la espera del historiador que los articule. Esto significa entenderlos como agentes activos, con capacidad de transformar el propio presente.

En este sentido, el consumo extendido de fuentes primarias para la escritura de ficción compromete 1) el ensanchamiento de la imaginación, 2) la búsqueda de singularidad expresiva en términos sintácticos y de variedad gramatical, 3) la construcción de redes de empatía con las huellas sembradas por generaciones pasadas, y en general 4) la aventura de comprender configuraciones culturales distintas a las contemporáneas, bien sea en la manera de sus valores estéticos o de sus virtudes epistémicas…. Y no, se entiende, un asunto de la correspondencia adecuada entre el periodo en el que la historia de ficción sucede, y los elementos históricos que hacen que esta historia reclame suceder en dicho periodo.

Si haces este proceso de comprensión de lo que puede significar una investigación histórica, entonces estás en otro lugar.

 

¿La decepción de José María Caballero por su tierra en el virreinato es vigente doscientos años después?

Creo que sí. Creo que lo que uno entiende cuando conoce su Diario, y era la experiencia que la novela quería reconstruir, es que el proyecto de nación nació cruzado, al tiempo, por sentimientos de decepción civil profundos.

 

¿Qué Colombia, qué Latinoamérica o qué planeta contaría hoy un testigo mudo, un supuesto “imbécil”, como Caballero?

Caray, no lo sé… Con seguridad se sorprendería ante el volumen de nuestra comunicación; ante el volumen como cantidad. Pero quizá luego daría un paso atrás y pensaría: vaya manera de agigantar el vacío. Cuánto hablan para decir en realidad tan poco.

 

En relación a C.M. no récord, ¿Cuál es tu experiencia personal en la música, los parches y los toques bogotanos?

Algo como la misma experiencia de todos los adolescentes de clase media de las ciudades intermedias de un país en guerra. Ocurría entonces, en los 90s, que al tiempo que era un país en guerra, existía esta capital, Bogotá, que fue de los primeros escenarios en permearse con los valores de la Constitución del 91, que en Colombia abrió caminos democráticos importantes, y entonces, aunque era la capital de un país en guerra, era también una ciudad renaciendo, y esa paradoja nos construyó la mente a los de mi generación, en gran parte a partir de la música y la movida feroz en la calle. Esa es la experiencia que está en el núcleo de Candidatos muertos.

 

C.M. no récord está ubicado en la década de los noventas, donde aún los walkmans, los casetes y las disqueras dominaban el terreno musical, sin embargo el internet y la difusión virtual de la música sonaba como una revolución cercana. ¿Es la novela el preludio de lo que vivimos ahora? ¿Esa revolución sucede realmente? ¿Qué tanto piensas que ha transformado la tecnología del siglo XXI a la música latinoamericana?

Sí, la novela ocurre precisamente en ese albor de algo nuevo que se estaba fraguando en el mundo pero que no se sabía bien qué era. Que no podía saberse bien que era. El Internet, de manera generalizada, llegó en el año 97 a Colombia y lo que es un hecho es que la música fue una de las primeras industrias que se alteró con su presencia. Por supuesto, la música latinoamericana también sufrió el cambio de modelo de lo analógico a lo digital, sin embargo, creo, ahora, años después de haber escrito el libro y de desatender el tema de la música, que la novela en parte también corresponde a una arquitectura de la industria que no cambia: la creatividad, la resistencia, su sentido político. 

 

¿Hay en la novela la expresión de un estilo propio del rock latino? ¿Tal estilo existe en las urbes latinas en la actualidad?

Sí, hay un deseo de encontrar un ritmo excepcional, una voz que en la novela se traduce como la necesidad de los personajes de encontrarse a ellos mismos en el producto que estaban haciendo. Esa, creo, siempre ha sido la premisa del arte, y como tal, del rock. Pero ahora me queda la duda si existe un “estilo de las urbes latinas” porque de todas maneras los referentes de la música actual de estas ciudades pueden estar ubicados en cualquier lugar y pueden ser cualquier cosa y las audiencias de estas músicas pueden ser otras, pueden buscar llegar a públicos más extensos o pueden especializarse en nichos diminutos. Pero de nuevo, todo esto es apenas una sospecha de algo de lo que ya estoy sustancialmente desconectado.

 

¿Qué rock o música en general escucha Juan Álvarez?

Supongo que me quedé desactualizado. Yo en realidad oigo muy poco rock a no ser que esté en una buena fiesta con buenos diyéis. Lo de hoy es jazz, para trabajar, y radio, para cocinar 🙂

 

¿Qué escribes ahora? ¿Qué estás leyendo ahora?

Estoy leyendo La canción del verdugo, de Norman Mailer, una novela de no ficción que por ahora es sobre un ex convicto que sale después de 13 años de pena y busca una oportunidad divertida sobre la tierra. Pero sospecho que el drama ahí apenas empieza. Escribo en una dirección que espero que esta balada de Mailer me permita encontrar mi propio ritmo y mi propio ritual, porque sospecho que los dramas que quiero contar se parecerán a los que tuvo entre manos el señor Mailer.

 

¿Cómo vives desde tu escritura y/o desde tu ciudadanía los procesos de paz en Colombia?

Con absoluta intensidad. No hay nada más importante para el país, en todos los ámbitos, que la firma de ese acuerdo de paz con las FARC. Será como sacarse la cera de los oídos para empezar a orientarnos.

 

¿Cuáles son tus perspectivas literarias para este año que comienza (2016)?

Perspectivas? Expectativas? Ninguna. Ninguna expectativa, que no será lo mismo que perspectiva, pero como si lo fuera. Es bueno vivir con un plan, ojalá secreto, pero sin perspectivas al modo de las expectativas: eso solo sirve para arruinarte cuando aparece lo que siempre aparece en estas escenas literarias nuestras de estas tierras nuestras: la arbitrariedad y la mezquindad.

Una de las preguntas más recurrentes que me hacían era la de por qué pasar de un libro como C.M. no récord a un libro como La ruidosa marcha de los mudos, y me sorprende esa pregunta porque siempre me ha interesado escribir un libro y dejarlo, y empezar uno que no tenga que ver con el anterior porque me parece divertido y sano dejar de repetirse. Quiero decir, me parece artísticamente imprescindible. Así que no sé cuál sea la perspectiva de este año, pero de lo que sí estoy seguro es que no tendrá nada que ver con mudos comerciantes en el Virreinato del Nuevo Reino de Granada.

*Conoce más de Juan Álvarez en su twitter:  @_JuanAlvarez_

 

 

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