Un golpe con estilo es el remake de una comedia clásica aparecida en 1979, dirigida por Martin Brest, quien alcanzó la cima de su popularidad con Scent of a Woman, protagonizada por ─el siempre sobreactuadísimo─ Al Pacino. Los roles principales, en la original Going in Style, fueron los grandes cómicos Art Carney, Lee Strasberg y el excepcional George Burns, quien por cierto toda su vida salió a escena llevando un puro en la boca. La trama de aquella farsa cinematográfica, aunque estaba cimentada en un tópico anodino: un trío de ancianos que, para escapar de su quietismo, entre otras delirantes hazañas, deciden robar un banco disfrazados con unas aparatosas y comiquísimas gafas al estilo Groucho Marx, consiguió que, escena tras escena, el público de los años 80 se desternillara de risa.

Para intentar enaltecer su homenaje, esta nueva versión decidió reunir a tres viejos actores que, a lo largo de sus carreras, y hasta hoy, nos habían entregado enormes pruebas de su talento: Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin. El objetivo de convocar a semejante elenco ─como toda obra desmejorada que pretende curarse en salud─ era contrarrestar, mediante semejante artilugio, los embates de la audiencia.

El filme está dirigido por el cuarentón Zach Braff, quien en 2004 logró arrancar los elogios de la crítica especializada al presentar Garden State, una obra que tuvo una interesante participación en Sundance. Algunos comentaristas, al ver que el tipo además había adaptado en teatro varias obras de Shakespeare, se apresuraron a profetizarlo como “una joven promesa del cine”. Lo cierto es que a sus 42 años, el augurio todavía no se ha cumplido. Hace tres años, su penúltimo trabajo cinematográfico, Wish I Was Here, al ser comparado negativamente con la cinta Big Fish, decepcionó a muchos de sus admiradores. A lo más que llegan algunos es a recordarlo por su estrambótico protagónico en la serie Scrubs, donde encarna al inseguro y soñador Dr. John “J.D.” Dorian.

Con respecto a su más reciente producción, aunque Zach logra enjaretarle a la audiencia episodios bastante risibles, Un golpe con estilo, en términos generales, no pasa de ser otra comedia de opereta. Willie (Freeman), Joe (Caine) y Al (Arkin) son tres amigos jubilados a los que el gobierno, en una de esas oscuras maniobras del kafkiano sistema, les ha congelado su pago. Entre enojados y abatidos, porque ya no pueden pagar sus deudas, resuelven recobrar su dinero atracando al banco que, según ellos, los ha desvalijado. Ni la trama ni el argumento apuestan por ofrecer incidentes memorables. Como en toda farsa, los eventos que se proponen, simple y llanamente, pretenden arrancar la hilaridad de los espectadores. Todos los viejos lugares comunes y los clichés de la senectud son invocados. No hay novedad, menos perfeccionamiento. Las chispeantes travesuras, casi siempre fechorías, de estos tres ancianos están concentradas en hacerle pasar al público un momento entretenido. Más allá de un libreto que busca fomentar el carcajeo, aunado a cierto toque de sentimentalismo, que no prospera demasiado gracias a que Braff, hasta eso, logra romper el drama imprimiéndole a las acciones ciertas pizcas de ironía, la película tiene como fin promover la empatía con el trío de jubilados. Al final de la película, la conclusión es simple: la original Going in Style, a casi cuarenta años de distancia, es superior en todos sus aspectos.

¿Dónde enlistar a semejante engendro? No hay que buscar demasiado: la película pretende ser enlistada en lo que, con cierto humorismo desdeñoso, suele calificarse como comedia geriátrica, un género en el que, por cierto, han incursionado actores veteranos que ─en Hollywood─ van de Robert De Niro a Robert Duvall, y ─en México─ de Héctor Bonilla a Eduardo Manzano. Hace unos meses, estuvo en cartelera Por los viejos tiempos, dirigida por Fisher Stevens, una melodramática comedia de acción, en la que Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin interpretan a un grupo de gánsters retirados que se rencuentran para una última noche homérica. El resultado, pese a sus geniales protagonistas, fue completamente abominable. Bueno, pues Un golpe con estilo es todavía peor. Una y otra vez, los personajes caen en la sensiblería barata, abusan de los gags y los manidos chistes de repertorio. Si tiene una tarde exenta de trabajo, o un tiempecito libre que, simplemente, desee arrojar a la basura, acuda a verla. Le garantizo un absoluto desencanto.

En cuanto a Zach Braff, una vez más, decepcionó a los pocos seguidores que, ilusos, todavía confiaban en su genio. No hay duda: la joven promesa del cine hollywoodense, ahora sí, se ha malogrado por completo.