Tres preguntas a Gabriela Turner Saad

sobre Rubén Darío en la poesía mexicana:

¿Del cisne a las hormigas?

   Con el centenario de Rubén Darío pensamos en la influencia y vigencia que tiene el nicaragüense en la poesía mexicana contemporánea. Le preguntamos a Gabriela Turner Saad al respecto y nos centramos en la evolución que tiene el bestiario en la lírica, yendo del cisne preciosista a las hormigas frágiles, grises y gregarias.

      Gabriela Turner Saad (Monclova, Coahuila, 1962) es autora de varios poemarios, entre los que destacan Felices y perturbados (1990), Desde la habitación de los años (1992), Más sobre la máscara (1999), Bocanada (2001), Septenario (2001), Polvo de esperanza (2013) y En medio de la bruma (2015), que mereció el XVII Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2015. Acaba de publicar Abre la puerta (2016). Al leerla advertimos el instante poético que caracteriza unos versos breves con tremendo fondo intertextual y experiencial. La poesía mexicana es capaz de cargar varias veces con el peso de la tradición:

Tu vida ha sido levantada muchas veces,

por la adoración oculta que interviene en los capullos,

en las hormigas, en el grano de la arena

que acumula el ánimo de cada hora

(Polvo de esperanza: pág. 37).

      Con motivo del XII Congreso Internacional de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos (AEELH) “Un universo de Universos. En el centenario de Rubén Darío” que se celebró en la Universidad Complutense de Madrid en septiembre de 2016, le planteamos tres preguntas a la poeta mexicana: ¿Qué influencia tiene Rubén Darío y el modernismo en su obra? ¿Y en la poesía mexicana contemporánea? ¿Qué le sugiere la evolución simbólica del cisne a las hormigas?

        Recogemos a continuación las respuestas de Gabriela Turner y agradecemos, de nuevo, su generosidad:

      La determinación frontal sobre alguna influencia de Rubén Darío en mi obra podría generar cierto debate, bajo un ejercicio comparativo que requiere minucias, aunque destaco que este poeta ha sido parte de la lectura fundamental en mi acervo. “Azul”, el monstruo literario que levanta las miradas por la construcción, el símil, la ejecución y los temas, sus imágenes despiertan asombro y retan a la memoria lectora, poética o lírica, a exaltar aspectos que en sí permanecerán o bien, ingresan en el “inconsciente colectivo” como parte simbólica. Anoto: “donde el ocre oriental hace vibrar la luz en seda que resplandece”. Ausentarse de lo líquido, lo luminoso, lo terrenal, lo aéreo, en distintos poemas de mi autoría, sería silenciar lo que gesta el poeta desde siempre: lo primigenio. La respiración del entorno que se abalanza frente a uno con su misterio, y uno, tan humano, tan mortal, pasajero de aquello continuamente renovado ante la visión de quien contempla o hurga, promueve parte de la sucesión de los instantes, de la vida, de la mortalidad, de la esperanza o desesperanza. La congregación de la naturaleza con la modernidad no pasa desapercibida.

            Dentro de la poética mexicana el alcance de la época del Cisne se trasladó a la del Búho, el Modernismo cobra presencia tanto en Amado Nervo como en Enrique González Martínez, en oposición o en sumatoria. Algunos estudiosos o académicos argumentarán diferencias en el sentido filosófico, mientras tanto, el Modernismo se expande en los poetas mexicanos sin resistencia ni reticencia, tanto en el lenguaje como en la composición de mundos diversos que brindan tejido con lo orgánico o lo inorgánico, con el ayer y el presente sincrónico o diacrónico. ¿Qué tan alejados pudieron estar “Los contemporáneos” de los Modernistas? Discusión abierta y latente. Difícil sería negar que poetas “consolidados” dentro de la poesía mexicana hayan borrado de su apreciación literaria a Rubén Darío o bien, al Modernismo,  por lo menos,  leyeron obras consideradas como “clásicas”, como las definiría Italo Calvino. Cada lectura ejerce un punto de referencia ya sea como continuación, disolución o dilución, por ello, pueden encontrarse elementos como la prosa poética, la versificación, la temática, incluso, lenguaje, puede encontrarse en diversos poetas sin duda alguna.

            La “evolución” entre un símbolo como el Cisne, el cual ha sido considerado luminoso, con poder y gracia, quizá como una epifanía por su blancura, ha estado inmerso en leyendas, tradiciones, poemas, así mismo está vinculado con la luz y la palabra. Mientras tanto, la hormiga, símbolo de “actividad industriosa”, refleja aparentemente una vida organizada o de previsión. Si ambos elementos fuesen considerados evolutivos para este siglo XXI, chocan entre sí, pues en la actualidad la producción de obra va en aumento, más por los medios tecnológicos. ¿Del mito a la realidad?, ¿la realidad posee su propio mito?, ¿avaricia y egoísmo a la manera que La Fontaine caracterizó a las hormigas? En la poética actual, la inmediatez, el pastiche abierto o de apropiación, es cada vez más latente.

            Espero sea útil o quizá genere mayores preguntas que respuestas, ninguna apreciación es definitiva.

Gabriela Turner Saad


Ignacio Ballester Pardo (Villena, Alicante, 1990) lleva a cabo el doctorado en poesía mexicana dirigido por Carmen Alemany en la Universidad de Alicante. Es miembro del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. Recientemente ha publicado «Arte poética en Vicente Quirarte: decálogo entre el cielo y la tierra» en Artes poéticas mexicanas (De los Contemporáneos a la actualidad) (Universidad de Guadalajara, 2015) y «Raúl Zurita y la poesía del conflicto: de la noche de Tlatelolco (1968) a la dictadura chilena (1973)», en Raúl Zurita. Alegoría de la desolación y la esperanza (Visor, 2016).