La Rabia del Axolotl . Dossier #19 . Año 5. Segunda época. Marzo/abril 2016 . 

.Feminismo como fuego  de Fernanda Reinert

Que tu feminismo no sea una tarde templada sino el picante sol de mediodía. Que tu feminismo no sea el insulto que te gritan, ni el techo que te imponen, ni el permiso que te niegan. Que no sea el abrigo que vistes sino el fuego que abrasa.

Que tu feminismo no sea el collar sobre tu pecho. Que no sea tu salario, que no sea tu derecho, que no sea tu expresión o tu relación.

Que tu feminismo no sea una meta con un plazo. Que no termine en un papel firmado, en un voto, en el hombre indicado.

Que tu feminismo, en fin, no sea para ti.

Que tu feminismo sea para la niña engañada con palabras dulces.

Que tu feminismo sea para la chica que irá a la cárcel por decidir.

Que tu feminismo sea para la mujer que a cada golpe acepta un perdón.

Que tu feminismo demuestre saberse parte de algo más grande. Que tu feminismo demuestre saber que nos queremos vivas. Que tu feminismo demuestre entender que esa niña, chica y mujer aún no saben lo que tú bien conoces, ¿quién se los dirá?

Así, que tu feminismo trascienda tu espacio, tu tiempo, a ti misma. Que tu feminismo sea más grande que los límites de tu cuerpo y tu vida. Que tu feminismo escuche y atienda, que tu feminismo critique y comprenda, que tu feminismo estudie, busque, aprenda. Que tu feminismo sirva y, sobre todo, sirva.

Que en tu feminismo no seas tú la principal beneficiada, porque entonces ahí termina, y no nos podemos dar ese lujo. Que tu feminismo sepa que podemos ganar todas y actúe para lograrlo. Que tu feminismo se mire en el espejo y sepa, siempre sepa, que hay más.

Si es fuego, que sea el sol. Si es agua, que sea el mar. Si es una palabra, que sea la que sale de la boca de otra, la que no habla, la que nadie escucha. Si es una lucha, que sea por ella.

Contenido

Feminismo de Itzel Nayeli Palacios Valdivia

• de tinieblas de Valeria Guzmán

• Del intelectualismo sin más al feminismo de Jerónimo Gómez Ruiz

• Devenir escarnio de Frieda Frida Bautista Cartas (TransFeminista)

• Homozapping, confrontando la sexualidad a través del videojuego de Eurídice Cabañes

Créditos 

© Lluvia Ramírez

© Lluvia Ramírez

  • Jerónimo Gómez Ruiz

    ¡Pase! ¡Pase! ¡Compruebe usted mismo las discrepancias entre el original y el pasado por el sartén del editor!:

    Del intelectualismo sin más al feminismo

    Sucede con el feminismo lo que sucede con otro tipo de contenidos políticos: hay una masa teórica detrás de sus puestas en escena. Y sucede lo mismo con esta masa teórica respecto de lo que sucede con otro tipo de contenidos políticos: importa menos que la acción, sea esta activa, o pasiva. Y aún más: importa más la acción pasiva que la acción activa (aunque en el caso del feminismo la acción activa conlleve un atractivo visual añadido). Me explico: el feminismo, como todo tipo de anticonservadurismo, es, más que una postura política, una forma de vida. Sin importar qué tan poco se haya abrevado de su teoría, qué tan poco se haya participado en la discusión de su desarrollo en un campo de operación específico, o qué tan poco (o qué tanto, no importa) se esté dispuesto a salir codo con codo a las calles a gritar con una voz ostensiblemente desnuda una verdad que reclama un mínimo de humanidad distributiva (este no es un ensayo sobre el grito, y reducir el feminismo al grito sería lo tan equivocado como para asistir al crecimiento articulado de sus decibeles) siempre es posible ponerse al día respecto del ritmo propio de su historia como movimiento (y allí está el, elocuente —aspecto de mi tesis que hará destacar muy pronto mi poco ocultable pero sobrellevada a cortapisas masculinidad—, material fotográfico, que por un instante se redujo en la imaginación colectiva a la marcha de los sostenes (de preferencia si el fotógrafo capturó una instantánea con una esbelta mujer en primer plano). Pero atribuirle al feminismo un propósito de sensualidad sería quizá injusto con sus practicantes, que muchas veces no buscan sino hacer destacar su reciedumbre de forma preferiblemente contestataria frente al espectro de los aparatos tradicionales de sometimiento, poniendo, ahora sí, en primer término —sólo algunas veces, ya lo dije— los aspectos escatológicos del cuerpo. Recuerdo con afinidad y con cierto tipo de admiración instantánea la fotografía de la activista egipcia Alíia Magda Elmahdy, que la mostraba junto con otra activista defecando y menstruando sobre una bandera de ISIS. No es del todo inútil recordar que ISIS promete a sus soldados mejor portados esclavas sexuales, entre otras bondades que es imposible traer a colación sin experimentar al menos un poquito de náusea. Y es que el feminismo, que nunca se ha destacado por su discreción, es prácticamente material de cambio en el flujo de información propio de las redes sociales tal como las conocemos en el siglo XXI: lo que los psicólogos llamarían “el núcleo duro” del ego, que tan cómodamente parece alquilar una habitación en lugares como Facebook o Instagram (a tan sólo dos cuadras de la Rauhensteingasse y de la Stratford-upon-Avon de cera) es, de vez en cuando, increpado por las acciones que atacan desde distintos flancos a una cada vez más acostumbrada a la inercia forma de ser y pensar, así sea sólo para desencadenar el estremecimiento o el espasmo que le anteceden al “like”. Pero profundicemos un poco más en lo que he denominado el núcleo duro del ego. Comencemos por decir lo obvio: que el feminismo es y puede generalizarse como una respuesta tanto teórica como práctica al autoritarismo, en general, y al machismo, en particular, esas anatemas del librepensamiento. Hay un aspecto del feminismo, que con su tanto de acción y de teoría no podemos sino considerar irrefragable, que parece haber atinado en increpar al machismo, este sí refutable; que parece haber atinado en poner en duda un tipo de autoridad que se sostiene sobre zancos, no precisamente para hacer un ejercicio de acrobacia, y es que el feminismo ha surgido como un movimiento de voces y cuerpos —de seres humanos— lo suficientemente conscientes y autónomos como para poder fundar y articular dicho movimiento: sus exigencias son connaturales a su capacidad de hacerlas efectivas. Lo que sí es descorazonador, lo que sí es del todo inaceptable, es el escenario en el que este feminismo resulta más, o menos, dependiendo del caso, plausible. Ya hace algunos días, el 21 de enero de 2016, para ser exacto, el ensayista y poeta Luigi Amara había apuntado en su cuenta de Twitter que “Qué desconcertante y nauseabundo vivir en un país en que pueden ser tendencia en Tuiter #LegalicenElFeminicidio y #ViolaAunaLesbiana”. En este caso estamos frente a un tipo de machismo cuyo núcleo duro no puede ser sino imbecilidad ramplona, y dicho núcleo duro, acusa un tipo de ego propenso al chiste de mal gusto como signo de identidad: es el falso ego de quien no tiene nada, de quien ni siquiera se tiene a sí mismo, que se cree, en cambio, con derecho a un humor vulgar como si su risa fuera un asunto de vengativo cinismo, propio de un tipo de mexicanidad, por no decir de humanidad, que gusta de abrevar de todo tipo de propaganda televisada o meramente mediática, de todo tipo de propaganda de antinacionalismo oficial (quien tira por la borda un país en su totalidad no puede ciertamente ser nacionalista, y procede a despreciar abiertamente una condición inventada con la que volver a una fracción determinada de seres humanos, como a los judíos de Auschwitz, culpables de ser, como hubo anotado en uno de sus ensayos Georges Steiner), propaganda que utiliza la burla como método para ocultar algo al mismo tiempo que, en cambio, muestra mujeres típicamente estúpidas acicaladas con todo el aparato del fetichismo que declaran a todo volumen las más increíbles opiniones desde la más temprana hora en el orden de un programa de entretenimiento ordinario y desde una tribuna que reproduce el escenario en que viviría la mujer en el caso de ser un objeto de adorno. Ante tal perspectiva, ¿qué esperar? ¿Qué hacer, cómo no sorprenderse de que durante una visita al puesto de periódicos para buscar en el tiraje del día cierta columna en torno a las noticias recientes, nos encontremos con dos niños de unos seis años que dicen “ésta está más buena”, en el acto de pasarse de una mano a otra una revista? El feminismo que caga y menstrúa sobre una bandera de ISIS, desconoce la atrocidad promedio de la otra cara del globo: la puesta en circulación de la mujer como centro de atención de una sexualidad afín a la prostitución y la creencia (a todas luces falsa) de que en la pluma del Marqués de Sade hay una tinta cuyo aroma al secarse sobre la hoja tiene algo que ver con el verdadero placer, entendido como objeto de la razón lúdica, o de que en las novelas licenciosas de la aristocracia del XVIII europeo, hay algo más que enajenación, producto de un juego de tensiones entre los celos, la envidia, el odio o la traición, intrigas intelectuales, según, que justifican la sinrazón asesina de la trama obligada en el anecdotario de la búsqueda de poder, un poder con el que infligir u obsequiar una tortura generalizada a cierto concepto por cierto no privativo de la feminidad: el de enemistad, como si la libertad consistiera en, si bien no esclavizar a nuestros enemigos, por lo menos vengarnos de ellos, tesis que se ha propuesto refutar el feminismo.

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