Expedición a la quietud

Desconozco el silencio

   y el yermo:

Las calles bullen de gente;

las bocas, de grito y esperpento.

 

Solitud es en la ciudad privilegio

pues incluso el roedor,

            aunque cave profundo

buscando el mutismo entre los terrones,

dará con el rumor del agua

en la tubería. Acaso nueva vena

o hueso de la tierra.

 

Acepto entonces

si he de entregarme al estruendo

            y a la horda;

a la vigilancia de los relojes

o al sol refugiado tras dos cerros de tiempo y sombra.

 

El ruido rebota en la esquina;

se hace dardo.

Un hombre invoca a un hombre

que invoca a un hombre,

y así se forman las multitudes.

 

Ahora busco la violencia:

abrazo el escándalo,

            y pierdo los límites del cuerpo

en el calor de la marabunta que danza.

 

Ahora busco la violencia,

como asceta, guerrero o fanático,

para ver si encuentro en su epítome

ese silencio y ese yermo.

 

Que no me esperen…

                                   Voy a navegar en los relámpagos.

 

Sinécdoque de los animales

León la garra o el rugido

la melena solar.

Tigre las rayas.

Mantis la plegaria y grillo la noche.

 

Salmón la cascada

o el oso en su primitiva pesca,

el toro la embestida

y rinoceronte

el dibujante alemán.

 

Gato la mezquita,

caballo Gengis y la horda.

Todas las aves torbellino,

mas el cuervo el grojeo

mas el buitre la entraña en el desierto

y la garza el baile sobre el agua.

 

Araña la esquina

el simio la memoria

y salamandra la llama viva de la palabra.

 

El bisonte la sombra

pantera la maleza

anaconda la asfixia

sabana y monumento el elefante.

 

Roma el lobo

cangrejo los griegos

tortuga del Éufrates

y los misterios.

 

Buey el ojo

los héroes los venados.

 


Charuan Aguilera Bezrokov (1994) Estudia letras hispánicas. A veces escribe. De esas veces, en algunas ocasiones hace algún hallazgo.