I

 

Desde mi sueño

hasta la punta de los dedos

corre un temblor helado

(cuando amanece lloviendo, es imposible saber si uno en verdad despierta)

 

Al otro lado de estos muros

el agua ha hinchado los durmientes sobre los que corre el tiempo

de la neblina se levantan los primeros hombres del amanecer

un coyote de aire aúlla al pasar debajo de las puertas de la casa

 

 

II

 

(Agua)

no ha parado de diluviar

más allá de la lluvia bien podría no existir el mundo

noche y día son la misma cosa tras el ruido de las gotas

 

(Agua)

el mundo es una catedral en ruinas

las aves se han apagado con un ruido apenas perceptible

se han reblandecido los cimientos del silencio

y otro día se desmorona entre las manos de la tormenta

 

(Agua)

una danza de cristal cortado repica en cada azotea

las gotas cantan la oración del mar

anochece a las cinco de la tarde

 

(Agua)

los hombres vuelven a sus casas

la humedad los ha hecho viejos

sus pies rompen los espejos que formó la lluvia en la avenida

 

(Agua)

en el corazón de cada gota palpita un río

pronto el agua será una mortaja de vidrio

que nos cubrirá hasta el rostro

 

 

III

 

Cuando la punta del insomnio se clava en el costado

queda el oído en carne viva

flor que sobrevuelan los sonidos de este mundo en madrugada

 

A unos metros de aquí -porque en la oscuridad las distancias no son ciertas-

apenas al doblar la esquina del silencio

un hombre dice ya no más y luego patea la silla sobre la que está de pie

una mujer sueña con sus padres y sus hijos antes de ingerir la última pastilla

otro hombre recarga la cabeza sobre las vías del tren

y todo esto pasa en el tiempo que le toma a la sangre orbitar mi corazón

 

Sobre estas casas que apenas pueden tenerse de pie

sobre los escombros de una madrugada que muere de sol

sobre unos ojos que no lograron cerrarse en toda la noche:

el sonido del agua

 

 

IV

 

Despertar es triste cuando se soñaba con lo que no se tiene

sobre todo (sobre todo) si no hay nada a que levantarse

si lo más cercano a estar vivo es llevarse pan y otra boca a la boca

si por la noche se hace el amor con el mismo amor con que se comenta el clima

 

La vida también es esto, preguntarte para qué has nacido

justo antes del primer bocado en la mañana

saber que nada cambiará si un día de estos amaneces del otro lado de la tierra

descubrir que los muertos cada día son más ligeros en el pecho de quien se queda

que nadie muere de añoranza

que al cabo de los meses, de los años, de la vida

luce igual el cuerpo de quien amaste y un montón de flores descompuestas

roídas por la lluvia

 

Quien esté libre de recuerdos, que tire el primer paso hacia adelante

 

 

V

 

Las calles son peligrosas cuando llueve:

están demasiado vacías

en ellas hay días perdidos, como balas,

que de pronto, al caminar a ninguna parte,

te pueden golpear

y quedas tendido, ahí, a media existencia

con los ojos muy abiertos

y una pregunta a mitad de la garganta

 

Nadie te habla de esto, pero es cierto:

de la vida nadie vuelve siendo el mismo

nadie tiene ganas de hablar de la derrota

del peso inmundo de las palabras en la lengua

de la carne que se vuelve barro entre los dedos

de la saliva que un día fue como agua y ahora es un hilo de arena entre los labios

 

No, nadie sabe algo preciso de la vida de otros

cada uno lleva en las manos un puñado de minutos que no sabe cómo gastar

el cuerpo es lo más cercano que tenemos al espíritu y nos da miedo que duela

 

Un hombre puede hablar de todo en esta tierra

nada que haya sido capaz de soñar le vuelve a ser ajeno

cada palabra aprendida merece ser dicha, al menos,

una vez

(como liberar un ave que cayó a nuestros pies cuando llovía

y ahora puede volver a elevarse)

 

Pero esto ya lo saben los que están heridos de existencia

nada nuevo hay bajo las sombras o el silencio

lo que ahora digo ya fue dicho en otros tiempos

de otra forma, en otra lengua

(como esta lluvia:

eco de otra lluvia

semilla de otra lluvia)

 

VI

 

Lo que se quiere olvidar se lleva siempre amarrado al pulso

se engaña quien cree que la distancia y el tiempo curan todo

 

Sólo el agua es libre en este mundo

nada sabe de recuerdos

nada sabe de rencores

 

Aunque se le encierre un siglo

aunque se le tenga prisionera en una fosa oscura

vuelve a ser ella en cuanto prueba libertad una vez más

a diferencia del hombre, de ti y de mí, de ellos y de tú y de nosotros

que en secreto añoramos ser menos libres

para ser menos responsables de este pálpito en la carne

de estas manos que todo tocan y nada puede retener

 

 

VII

 

Lluvia:

 

Una parvada de gotas se estrella contra la ventana

ha diluviado por tres días y el mundo parece ser otro

las charcas son redes de agua donde quedó atrapado el cielo

temo hablar porque mi voz se ha reblandecido

y se le puede desprender un nombre

una palabra

de la que después me arrepienta

 

Lluvia:

 

Me gusta su nombre porque también es agua

no conozco más palabras que las que ahora digo

el lenguaje es demasiado grande y yo prefiero quedarme con los vocablos suaves

los que se pueden decir con un solo golpe de aire

onomatopeyas de lo elemental

los colores primarios con los que se pintan el canto y las historias en el aire

 

Lluvia:

 

Digo lluvia porque no sé qué más decir

cualquier otra cosa en este momento sería mentirme

y yo no sé mentir

mis palabras están hechas de lo mismo que mi pecho

 

 

Lluvia:

 

Nada más certero que la lluvia

cada gota es verbo y cada verbo es vida

taquigrafía de vidrio sobre los montes y el silencio

nada tan claro como el nombre del agua

la única palabra que no pierde el sentido si se dice muchas veces;

después de decir lluvia, cualquier otra palabra es insignificante

y el mundo bien podría acabar ahí.

 

Bien podría acabar aquí.

 


Aldo Rosales Velázquez (Ciudad de México, 1986). Egresado de la licenciatura en Enseñanza de Inglés, de la UNAM. Autor de Luego, tal vez, seguir andando (Río arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (Fondo editorial Tierra adentro, 2014), La luz de las tres de la tarde (Fondo editorial BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Casa editorial Abismos, 2016) y Sombra-Reflejo (Fondo editorial BUAP, 2017). Ha publicado cuento, poesía, crónica, ensayo, reseña y artículo de opinión en medios como La Jornada, El Universal, Casa del tiempo, Opción ITAM, Punto de Partida y Tierra adentro, entre otros.

Becario del FONCA en el área de cuento (2016-2017) y director de la revista de gráfica y literatura A buen puerto (www.revistaabuenpuerto.com.mx).

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