I

Tengo tus pupilas de pescado

reflejadas en los ojos, sirena

Tengo las uñas sucias de tus escamas

La boca llena de mariscos crudos

la lengua salada,

mi playa sucia

y tu edén desierto

 

II

No hay manera de describir tu desnudez, sirena

Tu cuerpo libre de todo no existe

Te encuentro siempre cubierta por periódicas hojas de papel mojado,

con la cola enredada en anillos de plástico que retuvieron latas de cerveza

También, a veces,

te observo rodeada por hombres sordos

que dicen amar tu voz

y dicen amar tu canto

 

III

Tienes llenos de musgo los muslos, sirena.

De tu entrepierna nacen nenúfares azules.

Eres río, laguna, chopo.

Eres circular y entre las gentes fluyes.

 

IV

Yo no sé nadar, sirena

Requiero de ti

sendas lecciones de ahogamiento

 

V

Yo no te quiero, no te quiero,

te deseo, sirena, te deseo

Deseo tender tu larga cola al sol

secarla

y colgarla en mi pared

como un recuerdo

o un trofeo

premio de consolación

para un fracasado

 

VI

Viniste a la cama sirena, sin secar tu cabellera

En las próximas horas

se enmohecerá mi almohada favorita

 

VII

Soy menos hombre que Odiseo

y tú, que Penélope, más mujer

 

VIII

Los olores del mar se impregnan en la piel

y en las conchas de los caracoles

Me deshago del molusco para preservar tu recuerdo hediondo

Me arranco la piel para exponerla en un museo costero

 

IX

No tienes una isla, sirena

No hay para ti un lugar en el mundo

Te escondes en las esquinas de los zoológicos,

te bañas con el smog condensado de las tardes de septiembre

Te ganas la vida con tu trabajo de hostess y jazzgirl por las noches,

de atracción de parque acuático durante los días

Eres una triste sirena de ciudad

y la ciudad ignora tu presencia

 

X

En el fondo del mar hay una tumba

Todas las noches voy de rodillas a besar las algas

que crecen alrededor de tu sepulcro

Pero yo no sé nadar y mis pulmones son diminutos

Trago galones y galones de agua:

cada centímetro cúbico sabe a tus piernas

cada decilitro es infusión de tus escamas

Muero las noches húmedas al filo del concreto

con los ojos anegados y negros

por oscuro líquido estancado

Resucito entre tus brazos tersos

y tus pechos desnudos,

tu cola rodea mi tórax:

vomito estrellas de mar,

hipocampos, grava, corales y monedas de oro

Y expulso, a presión, todo recuerdo

de mi vida anterior a ti, sirena

 


Cristopher Yescas. (México, 1996) Estudiante de Literatura en la FFyL de la UNAM. Director editorial de la revista Primera Página. Ha publicado poesía y narrativa en Primera Página, Pájaro Azul y Círculo de Poesía.