La poesía –el poema entonces- no siempre ha tenido un fin artístico. Por ejemplo, en la época prehispánica su función era el resultado de adoración u obligación religiosa; entre los reyes y las cortes se utilizaba como panegírico o entrados en épocas de revolución, como panfleto. En estos tiempos álgidos, en que pareciera que la información nos llega tiempo antes de que acontezca la noticia, vale preguntar de qué sirve la poesía.

El poema –mas no siempre la poesía- es o debería ser una homogeneización de fondo y forma. Forma sobre todo. Hoy, bajo la influencia del texteo, la inmediatez, la redes sociales y los mensajes a medias escritos, los poetas tiene una responsabilidad con la poesía: deben atender las nuevas exigencias del mundo moderno. Intentos los hay: los jóvenes escritores han apostado por el performance, por la lectura dramatizada, por las pintas en la calle, en suma, la teatralidad del poema. O, a través de redes sociales han procurado que el poema se adapte a los 140 caracteres que impone el espacio. Son recursos. Slams poéticos, rings donde los autores se suben a gritar poemas con la intención de vencer al oponente con una bocanada de aire; torneos en los que convence más la oratoria y la declamación que el poema en solitario. Reitero: son espacios donde se puede convivir con compañeros, en los cuales es posible compartir gustos y, en ocasiones, cumple una función de mesas de diálogo improvisadas, mas no han beneficiado al arte poético, la poesía. Aquí gana el más popular, no el mejor.

El siglo XXI no ha tomado por asalto el arte, se ha mostrado en las nuevas tecnologías y en los avances científicos, primordialmente. En nuestro país, hoy, nos encontramos como los poetas del XVII y XVIII: gastando las mismas formas y temáticas y ritmos y dogmas.

A pesar de las odiseas por encontrar un nuevo espacio, una nueva forma poética, diversas modalidades de expresión, aún seguimos parados en el siglo XX. El siglo XXI no ha tomado por asalto el arte, se ha mostrado en las nuevas tecnologías y en los avances científicos, primordialmente. En nuestro país, hoy, nos encontramos como los poetas del XVII y XVIII: gastando las mismas formas y temáticas y ritmos y dogmas. Lamentablemente, en esta nueva centuria no presenciamos la llegada de un barroco como sucedió en el siglo XVI o un modernismo con la llegada del XX. Estamos anclados en los poetas neorrománticos, en los poetas de la mitad del siglo pasado: Octavio Paz, Bonifaz Niño, Eduardo Lizalde, José Emilio Pacheco, Gerardo Deniz, Coral Bracho y un etcétera muy conocido.

El perfil de Vallejo en una tienda de Santiago de Chuco, Perú.

El perfil de Vallejo en una tienda de Santiago de Chuco, Perú.

Difícil saber hacia dónde debe ir la poesía. La imagen hoy supera las palabras por mil a uno; pero no sólo la imagen, como sucedía con la poesía vanguardista, ahora es el video, la transmisión en vivo, el acto de viva voz. Los poetas buscan la poesía como reporteros alrededor de la nota. Qué puede ser más revelador (¿o poético?) que ver, completamente en vivo, como una turba encamina al dictador del país, que por años ejerció la tiranía y la represión, para llevarlo al cadalso. Un poeta de la negritud lo hubiera imaginado y deseado. Hoy, podemos verlo. Tal vez ya no quede nada a la imaginación, todo lo podemos ver, la intimidad del poema cada vez es menos íntima, su radio de acción se reduce, el poema está frente a los ojos de voyeuristas que nada los impresiona. Entonces, el poeta debe buscar allende de lo real y de lo irreal, de lo creíble y lo increíble. El poema ya no es el artefacto revelador, ahora tendrá que ser más, y correr el riesgo de no caer en el lugar común, en el panfleto, en el texto de protesta y en la incomprensión por su hermetismo.

La labor es ardua: reinventar la poesía. ¿O acaso ya no se puede? Tal vez hemos gastado todo lo nuevo y estamos destinados repetir una y otro vez las mismas formas cual si se tratara de modas pasajeras, ¿acaso estaremos haciendo poesía retro por siempre? Esperemos a los nuevos poetas de esta generación. Afuera, la realidad es cada vez más inverosímil. Por el momento, los poetas se encuentran en estado de sitio.

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