UNDER THE SKIN #1

Lo sé, lo sé: que le encante Enjambre y Zoé no es una señal que augure muchas cosas positivas –al menos de entrada-, en especial porque con los segundos (comandados por el burdísimo León Laguerri) jamás he podido establecer conexión de ningún tipo. Con Enjambre no tengo tanto problema. No podría considerarlos siquiera como algo cercano a ‘favoritos’, pero me gustan 4 ó 5 canciones para ciertos momentos que (naturalmente) me recuerdan a una muchacha de la que estuve enamorado hace tiempo.  La cuestión de Zoé es lo preocupante. Y más cuando estamos en pleno proceso de evolución en un país que jamás se ha caracterizado por ofrecer muchas bandas e intérpretes sobresalientes dentro del Rock y la música alternativa; y ante una escena emergente que ofrece realmente buenas propuestas y alternativas en el sonido actual.

En serio, a quién podría importarle Zoé cuando existen bandas e intérpretes como Acidandali, URSS Bajo el Árbol, Pure Morning, Nivelles, Ampersan, Capo, Jean Loup, Penny Pacheco, los jovensísimos Jonks, Guacamole, Sotomayor o Tessa Ia; sólo por mencionar algunos nombres que me vienen a la memoria y que sirven para ejemplificar y hacer sonar la alarma: ¿Cómo es posible que esta chica tan hermosa, tan joven (20 años apenas) diga que le encanta Zoé y que quizá sea su banda favorita?

Antes de continuar, planteemos la escena: estamos tumbados sobre mi cama en pleno proceso de éxtasis postcoital. Desnudos, perdidos en la radiante transparencia del techo, compartiendo un cigarrillo hilado a mano. De hierba, claro está, porque no hay mejor combinación que el placer sexual y una dosis de ganjah posterior. Nuestra respiración aún está agitada, el sudor sigue escurriendo y el perfume de su piel es lo que inunda todo el aire de la habitación. Sus labios –carnosos y pequeños al mismo tiempo– descansan sobre mi pecho mientras sus piernas se entrelazan en las mías y yo deposito un beso en su frente. 

No pienso en la diferencia de edad porque para alguien como yo, perdido en una neurosis autoinducida y acercándose peligrosamente a los 30 años, ese tipo de situaciones dejan de parecer relevantes.

Recuerdo, aun así, cuando la conocí. Estaba del otro lado del foro El Imperial una noche de “Martes de Propuesta” y de inmediato (cuando se cruzaron nuestras miradas) pensé en lo delicada que parecía. 20 años, cuando mucho, afirmé en mi mente. Radiante como sólo pueden demostrarlo las muchachas a esa edad. Es decir: fresca, efusiva y apasionada. Bebía cerveza, bailaba y coreaba los fragmentos de Devenus (banda argentina con toques de un pop/rock alternativo bien ensamblado a lo Babasonicos) mientras yo iba acercándome y comenzaba a planear las estrategias para iniciar la conversación.

Durante el trayecto las miradas continuaron y una vez que la oportunidad estuvo al alcance, me presenté y le invité un trago. Primero sonrió y se ruborizó. Después pasó a la seriedad y me dijo que tenía que hacerlo mejor. Así que me aclaré la garganta, di un largo trago a mi cerveza (-¿qué hago ahora, qué se dice en estos casos?, ¿a dónde direcciono su atención?-), e improvisando le hablé de su mirada; de lo mucho que me había llamado la atención: sus ojos, su expresión, ese negro profundo y brillante. Volvió a ruborizarse, pero sonrió otra vez y luego de decirle algo al grupo de amigos con el que estaba, aceptó el trago.

La cosa empezó a fluir muy bien. Conversábamos como si nada y el calor interno de nuestras fibras corporales comenzó a revelarse los pocos segundos. Antes de darnos cuenta estábamos besándonos y pasando una noche maravillosa.

Fue en el taxi camino a mi casa cuando salió Zoé a la conversación. Ya saben, la clásica pregunta referente a preferencias y gustos musicales. Y lo dijo sin dudarlo: ‘Zoé y Enjambre’. En ese orden y con una convicción increíble, como cuando un servidor habla de Joy Division o de The Cure. Luego mencionó más bandas, de una variedad increíble y de géneros tan diferentes que denotaron una falta clara de referencias en todo sentido.  No hay ningún patrón definido.

Por supuesto, en esos precisos segundos no pensaba mucho en esto.  Me sentía más como Renton en Trainspotting cuando se va con aquella colegiala de la discoteca y la música retumba a todo volumen. Previo a la conversación, justo replicábamos la escena de la película dirigida por Boyle en el 94: nuestros labios se fundían en una odisea salvaje mientras las caricias subían y subían de tono. Estábamos así –abandonados por completo–  cuando la mirada del taxista por el retrovisor incomodó a Alejandra y terminamos por intentar relajarnos y pasar a la conversación.

Ya a las puertas del edificio donde vivo, apenas entramos comenzó a acariciarme la entrepierna y nuestros labios hallaron un sano reencuentro. Subimos los 4 pisos necesarios para llegar a la azotea donde está mi estudio. Entramos. La intensidad seguía en ascenso. Los besos, las caricias. La agitación desmesurada en la respiración, la ropa que comienza a caer, la piel… Ya lo dirían los Babasonicos: nos entregamos (de lleno, sin paracaídas) al trance.

Horas después es cuando pienso en la cuestión de Enjambre y Zoé. Repito: pleno proceso de éxtasis postcoital. Nos abrazamos, suspiramos y nos besamos tan lento que parecemos una escena de La Novelle Vague de los 60.

Ella fuma (tabaco y hierba) así que no hay problema y puedo encender un cigarrillo mientras me levanto de la cama.

Preparo unas bebidas, me pongo boxers y una playera sin mangas, hilo el mencionado pitillo y justo después de besarla de nuevo, le pregunto qué quiere escuchar.

Zoé, of course.

Y yo, como soy todo un caballero, le concedo 3 canciones que desconozco antes de proponerle a una de mis bandas favoritas de la escena nacional actual.

 

DANDYS O UN POCO DE NEO-PSICODELIA AZTECA

Quizá tengan poca trayectoria, pero sin duda Dandy Overdose es una de las mejores bandas que he conocido últimamente de la escena mexicana. Grabaron su EP deput en 2010: ‘La Noise Fabrique’ (bellísimo nombre, dicho sea de paso), cuyos sencillos ‘Rockman’, ‘Donde’ y ‘Angel de Colores’ los fueron colocando en la mira de la audiencia nacional y los llevó a aparecer en estaciones de radio como Reactor 105.7 e Ibero 90.9, en medios mexicanos e internacionales como las revistas Shock de Colombia y Nylon de México, y en periódicos como El Sol de Tijuana, Reforma, La Jornada y El Universal. La banda también ya es conocida dentro de diversos foros capitalinos y ha realizado algunas cápsulas para Once Tv México. Su música, en pocas palabras, tiene tremendo potencial. 

Yo tuve la fortuna de conocerlos gracias a un integrante de la banda. Me llegó invitación de su parte vía redes sociales y acepté de inmediato al ver qué era músico. Luego me extendió la cortesía para escuchar a su banda y conocer su proyecto.

Entre melómanos (o melópatas por la seriedad del asunto) nos reconocemos. No lo dudé un segundo. El simple nombre resonó en mi cabeza una y otra vez y jamás volvió a irse: Dandy Overdose. ¡Vaya! Todo, cuando fluye con una banda que uno recién conoce, comienza con el nombre. Si hay algo flojo y burdo de entrada uno puede perder la intensidad del interés. Si hay algo provocativo y atrayente, crece la expectativa. Así suena Dandy Overdose en su primera presentación. Te causa cierta curiosidad, ¿no? La pura palabra por sí sola puede conseguirlo: Dandy, Dandy… Y más cuando lees la plantilla de los integrantes y sonríes al ver el detalle de dedicación que tienen como proyecto: Dandy Salvaje (guitarra), Dandy Calavera (bajo), Dandy Von Bastic (guitarra y teclado), Dandy Danger (batería) y Dandy Gallo (voz).

Luego te fijas en el concepto visual (proceso fundamental) y por último le das play a esa belleza llamada ‘Para que no Sufras’ y todo termina por ensamblar.

La voz de Dandy Gallo se presenta bien ejecutada, ejercitada por la práctica y el talento natural mientras que el pulso de la batería cobra vida de forma predominante desde el primer segundo y las guitarras y los teclados poco a poco comienzan a entrar en acción para armonizar toda la atmósfera. Por si fuera poco, la letra es increíble y juega un papel importante.

“Las doce brujas que bajo tu cama te cantaban, ya se están yendo”, dice el inicio de la canción con ese ritmo que no se te desprende a lo largo de los más de 3 minutos que dura el track. Más adelante, el minimalismo de la lírica y el existencialismo cargadísimo que encierra detrás continúa fluyendo: “Si me preguntas cómo detener tu corazón. Si me preguntas dónde es que florece el Hachís. Si me preguntas, Bardo, qué tan lejos vive Dios… Para que no sufras te voy a decir que murió.”

Pausa entonces, eco de sintetizadores (directo, continuo), un espectro de vacío y luego regresan las percusiones bien ejecutadas y se reaviva la tempestad.

-¿Lo sientes?, le pregunto. ¿Ese cosquilleo en el pecho, esa tempestad o maremoto que sólo puede producir la música?

No dice palabra alguna, pero sonríe y me besa con violencia.

Trae el gallo en la mano izquierda y fuma un poco antes de pasarme el humo directamente de su boca y morderme ligeramente el labio inferior. 

Caemos de nuevo sobre la cama mientras ya comienza ‘Jinetes Astronautas’, una de mis favoritas de la banda donde sobresale esa escenografía de guitarras psicodélicas, veloces, aullantes y despavoridas que te recorre todas las fibras de la piel y te llena de energía, electricidad, fuego.

Después de ésta, escuchamos ‘Happy New Year Mon Amour’, donde el júbilo crece en ciertas notas y una luz en las guitarras y en la voz se asoma con rapidez y adrenalina. Te puede poner de buenas de forma inmediata. Empujarte a ir radiante a través de la catarsis infinita del metro o de la más profunda desesperación del tráfico vial. Hace que tu cuerpo baile. Que aceleres mientras vas a toda velocidad montado en tu bicicleta. O que pienses intensamente en esa chica que amaste con locura y que ya perdiste o te dejó por otro.

Un poco diferente a lo que sucede con ‘Los Valientes’ o ‘Micromal’, que si bien es cierto comparten esas dosis potentísimas de adrenalina, los sonidos son más agresivos y retoman ese existencialismo, esa rabia para expresarse y, en el caso de ‘Micromal’, una sensualidad salvaje que bordea la agonía e incorpora elementos electrónicos muy interesantes.

Esa es la cuestión con Dandy Overdose. Se mantienen constantes en su evolución como banda, profundizando en un estilo muy particular que tiene muchas influencias de la escuela de la Neo-psicodelia pero que siempre busca experimentar e implementar con nuevas variantes y sonidos.

Su música no pretende quedarse quieta. Tiene juventud, ansías, energía, rebeldía y talento.  

Tiene mucho Rock y, ante todo (quizá lo más importante para las bandas jóvenes) tiene riesgo, ganas de aullar, de dejarlo todo en el acantilado.

Y ya saben lo que dicen: quien no arriesga, no gana.

 

OUTRO

Al día siguiente, luego de desayunarnos debajo de las sábanas, comer un refrigerio, darnos un baño y pedir un Uber; la acompaño escaleras abajo y esperamos la llegada del auto. Nos besamos: una, dos, tres veces. Me rodea con los brazos y me da un ligero abrazo y deja su cabeza apoyada en mi pecho. Mi nariz aspira profundo. ¿Qué perfume más adictivo? Beso su frente. Llega el auto. Ya no decimos nada porque ya no es necesario y los silencios también se disfrutan. Sonreímos, eso sí, porque nunca sobra. Me lanza un beso con la mano y mientras se sube al auto comienzo a tararear: “Las doce brujas que bajo tu cama te cantaban…”, y mi cuerpo se mueve inconscientemente al ritmo de la rola.

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