Mirar a los ojos del día

 

No te atreves

a mirarme a los ojos,

sol inmaduro,

mal día,

ciclope matutino,

luz tenora

que cantas allá

en el vacío del cielo.

 

No te has dado cuenta

que caminas

en las cenizas de este día,

qué pisas la luz

de un sol inmaduro,

qué has dejado

los sueños olvidados

en la almohada.

 

 

Destrucción del ojo

 

I

Es el grito alegre de los colores

en las cuevas de mis ojos;

donde los paisajes se marchitan;

donde cuelgan muertas las imágenes

que se han cansado ya de mis ojos.

 

II

No dejes ciegos a los paisajes,

no derribes los techos del cielo

sólo para abrazar

las ruinas prometidas;

aquellas que fueron arrancadas

del paisaje,

muertas en el cementerio del ojo.

 

 

Caminan mis ojos

 

Al cielo le duelen sus azules;

tristeza de pájaros,

de amaneceres

sangrando colores

en el cielo,

de tardes empedradas de nubes,

donde caminan lentos mis ojos

buscando despedazada

la eternidad,

el cielo,

las noches

que espinan con luz mis ojos.

 

Crimen y luz

 

Un polvo de luz

cae

                       marchita,

se quiebra en el techo,

en el suelo se encharca,

 

La luz hace telarañas

en las cuevas de mis ojos.

 

Esa luz,

que lagrimea

toda la noche,

mojando las calles,

mojando el agua,

mojando la oscuridad,

oxidándose en mis ojos.

 

Esas lámparas

enfermas de luz,

actoras de la noche,

son estrellas

que espinan mis ojos;

son gritos de luz

en la ceguera de la noche.

 

Soliloquio nocturno

 

Todas las noches,

una orquesta de estrellas

tocan la música del

infinito;

 

una orquesta de palabras

dirigidas por mi vida,

se escriben en los ecos

de la eternidad.

 


René Morales Zepeda (Dante René) (Puebla, Puebla 1992). Poeta y pianista. Estudia Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Ha publicado en revistas como Alma y Hora.