Breve paráfrasis de “Adiós a la verdad” del filósofo Ganni Vattimo

Comenzaré esta reflexión con la famosa frase adjudicada ¾ por sus biógrafos latinos ¾ al filósofo Aristóteles, el cual, en su momento, se dice que dijo: amicus Plato sed magis amica veritas (soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad). ¿No es esta frase, ejemplo de la honestidad filosófica más alta? El pensar que alguien como el estagirita ¾ que pasó muchos años como discípulo de Platón ¾ sentenciara que prefería la verdad más que la amistad. ¿Acaso no se convierte éste enunciado en un valor esencial en la línea axiológica del hombre que se dedica al estudio de las ciencias, las letras y el arte, es decir; el intelectual? Quizá esto pueda parecer violento para alguien que tiene la amistad como culminación ética, pero no para un intelectual y menos para un filósofo que tiene como sentido último de vida la conquista de la verdad.

            Pero ¿qué es la verdad o quién la detenta? Cuestionarán ustedes acertadamente, motivo que me llevará a replantear todo lo anterior. Diré en este nuevo planteamiento ―siguiendo el discurso de Vattimo (Adios a la verdad)― que, hablar de la “Verdad ―con mayúscula―”, implica absolutismo. Y los absolutismos traen como consecuencia inherente luchas cruentas, despotismo y dogmas. Miremos sólo hacia el pasado (los cientos de homicidios a cargo de la Inquisición, en defensa de la “Verdad” de Dios proclamada por la Iglesia; la revolución sangrienta y el gulag en la URSS, en pro de la “Verdad” del partido comunista; entre muchos otros casos por demás conocidos). Me pregunto, ¿tendrá validez alguna en estos momentos la disyuntiva planteada por el filósofo griego? ¿El estar de lado de la “Verdad” como fundamento previamente establecido, no implica estar de lado de los absolutismos como ya lo fotografió la historia? ¿Qué es la verdad? A lo mejor en el momento histórico de Aristóteles, en la época antigua donde cada pensador pretendía encontrar la verdad, el ejemplo del griego fue incuestionable; pero ahora no podemos cerrar los ojos y dejar de vislumbrar el error cometido por el pensador de Estagira, y mucho menos ahora en el siglo XXI, después de haber presenciado el derrumbe de dichos sistemas. El pensar así es la carretera que conduce al paraje llamado absolutismo.

La verdad que ahora se considera “cultural” no nada más se revela en el ensimismamiento del filósofo, también se elabora en el diálogo con el otro, con el , en el nosotros; pienso que ahí es donde puede florecer en plenitud. En este sentido, el método socrático ―de la mayéutica― resulta un buen camino para la elaboración de la verdad: el diálogo entre los hombres. La verdad no está ahí esperando afuera, la verdad se elabora en el consenso de las subjetividades. Hemos pasado de las verdades absolutas, a las verdades de razón, de las de razón, a las científicas, y de las científicas a las culturales. Nos encontramos en el siglo XXI, en la etapa histórica después de la modernidad; la “Verdad” con mayúscula ha quedado atrás, ahora las verdades culturales (aquellas que están expuestas a las contingencias de época y costumbres de cada momento histórico) son las que se encuentran vigentes ―por lo menos ahora―. En todo lo que va de la historia humana nunca hemos llegado a encontrar el fundamento total. Nuestras certezas se derrumban, las opiniones varían, el mundo se presenta divergente y plural.

Lyotard, habla del fin de las metanarrativas, lo cual para el escritor mexicano Carlos Fuentes, da origen a las multinarrativas. Nos vislumbramos en el campo de lo diverso. De las diferencias morales, de las oposiciones estéticas, de la diversidad política, de la diversidad religiosa y también, de la diversidad sexual. Nuestra circunstancia concreta de esta época nos hace el pedimento de dejar atrás los lastres perniciosos como lo son: xenofobias, chovinismos, machismos, cerrazón y absolutismos. Nos encontramos en el sitio de las certezas lacias. Entonces, ¿cómo lograr el consenso de las subjetividades? Quizá, con la aceptación de las diferencias mediante el diálogo razonado. El de la revisión con lupa para cuestionar todo, pero no en forma escéptica sino en vía de búsqueda de la mejor figura que se pueda elaborar, no repitiendo crueldades del pasado. El ser humano necesita de la tolerancia si otro le hace ver sus posibles errores, de la humildad para transformar sus ideas. Acordémonos que, si pretendemos armar esa gran figura de la “Verdad” a nuestro gusto, muchos no tendrán cabida, demasiados serán exiliados de nuestro sistema. Ningún otro tendrá un lugar más que los adeptos, por lo tanto, todos los demás serán enemigos a eliminar (lógica del absolutismo, guerras, despojos, etc.).


Marco Ornelas (León, Gto.) poeta y ensayista. Fue seleccionado para la antología “Ocho voces de Guanajuato”, publicada por la Universidad Iberoamericana, plantel León (2000). Becario del Instituto Estatal de la Cultura de Gto., en el área de literatura, jóvenes creadores (2001). La editorial Azafrán y Cinabrio publicó su libro de ensayos: “El mito de Proteo (2008)”. Obtuvo Mención Honorífica en el concurso de “Poesía libre León, Gto (2009)”. En (2011), la editorial San Roque en conjunto con Los Otros libros, publicaron su libro de poesía “El concierto Reconciliatorio. En (2011)”. La editorial La Rana de Guanajuato, publicó su poemario: “Variaciones de la voz alcanzando el tono. En (2013)”, la Universidad Iberoamericana, León, publicó uno de sus micro cuentos en la antología “Poquito porque es bendito”.