Cerca, tan cerca

Esto es el tiempo,

aquí se vive,

aquí se muere,

frente al espejo

nuestra imagen invoca el resentimiento.

 

Esto es el deseo,

el alcoholímetro nos alcanza fugaces

en una ciudad donde no existe

el pasar de las nubes adheridas al viento.

Tiempo,

tiempo.

Una caravana viene del horizonte

reclamando lo que siempre fue suyo,

nadie se molesta en arremeter en su contra;

es el miedo, amigo mío, quien los detiene.

Qué lástima verlos caer arrodillados a sus pies,

tan ásperas sus caras,

tan limpio el espíritu de una venganza futura.

Pero todo queda allí,

todo es tiempo,

mientras el vagabundo nos pide un peso

al otro lado cae un vivo sintiendo la espera.

Ojalá fuéramos tan iguales,

así el cielo podría ser el mismo en todas partes;

este tiempo,

la agonía,

se siente como una premonición del presente.

.

Volveremos a casa

 

Lento

vamos lento

se fortalece una chispa

que se pierde en la distancia.

Iremos más lento después

cuando brote de la tierra muerta

una última flor de vida.

Rápido

no tan rápido

no quiero llegar sin el impulso de una noche lluviosa.

Camino

no

voy corriendo

las ramas golpean mi rostro

cuando me mezclo con el viento.

Ahora sí

camino

el bosque llama fuertemente al alma.

El destino se vacía

cuando las fumarolas se sienten

como una lágrima en las cejas.

Lento

volando por el aire

sin encontrar el destello

de mis ojos en el alba.

Sólo

tan sólo queda dentro del ataúd

una memoria frita por la amenaza

de un circuito condenado a repetirse eternamente.

.


Enrique Chávez (Tlaxcala, 1998.) Cortazariano de corazón. Poeta en proceso. Cursa el último año de bachillerato y pretende estudiar Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Tlaxcala.