No suele repararse en la labor que está detrás de la producción editorial independiente. Como si los libros brotaran de su nada originaria, a la cual serán devueltos una vez que agoten su tiempo de permanencia en el mundo, cualquiera que este sea. María Amor, diseñadora y editora, recibió la tarea de dar un orden a las aportaciones de ochenta escritores y a más de mil imágenes para generar una memoria de Hostería La Bota, concurrido lugar encallado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. ¿El resultado? Pase Usted: una casa en el centro para todos (Mantarraya Ediciones, 2016), un repaso a los años que se han dejado atrás en la búsqueda de un punto transversal al cual acudir para nostalgia de una virtud casi extinta: la hospitalidad.

Los hermanos Calera y familia han sido los felices generadores de un espacio que inició como punto para detenerse a beber una cerveza y que debido a la creatividad de sus dueños y asistentes, derivó en un oasis que mantiene los brazos abiertos a propios y extraños. Calificar de heroica esta tentativa, no es exageración. El país cada vez anda más pronto a su ruina (nunca ha dejado de hacerlo, pero ahora la aceleración es más perceptible), y lo que irradia este espacio es la posibilidad de plantear y replantear iniciativas culturales para alternar o incluso olvidar la discursividad oficial con variaciones en tono y estilo. Hostería La Bota rescata la posibilidad, cada vez más agónica, del parapeto en medio del trajín urbano. Uno respira hondo al entrar, cuando deja atrás esa colmena que es el Centro Histórico, chispeante durante los primeros treinta minutos y una monserga cuando llega el momento de subirse al transporte público para salir del primer círculo.

Pase Usted es un anuario múltiple. Más de diez de labor en favor del acto humano más íntimo y consecuencial: la conversación. No deja de ser penoso que la cultura se mantenga como un bien de acceso limitado a la población en general, pero así es y no parece que esto pueda cambiar con un plumazo del político en turno. Hostería La Bota, de la mano de amigos y simpatizantes, ha organizado lecturas en la plaza pública. Esto genera palabras con las cuales espolear el árbol en el cual encontramos refugio y del cual escasamente bajamos por lo necesario. Da gusto asomarse a las páginas de este libro y no sólo por arrellanarse en el lugar común respecto a que la publicación de cualquier libro es motivo de felicidad, porque ya no es cierto. Es un lugar común que ya no lo es. Atestiguamos la proliferación de libros inútiles, malnacidos, cronófagos del tiempo ajeno. Son páginas que registran la actividad febril de algunos creadores, que han dejado escapar la curiosidad y la simpatía necesaria para sumarse y hacer una declaración a pecho vivo. Sin embargo, no falta quien se muerde el hígado en el sillón y a esos individuos es mejor dejarlos correr como el agua que se fuga de las manos.

Este libro es una ocasión para que bailen los sentidos, incluso si uno fatiga las páginas y se encuentra de pronto con algún rostro que mejor convendría no tener cerca, ni aún en fotografía. Es una sublime fatalidad de los Calera: no poner puertas al campo, ni tachar personas, ni tratar de invisibilizar lo que será de cualquier modo, sea de una forma u otra. Las listas negras y la declaración de persona no grata son producto de las oficinas de gobierno, a cargo de rencorosos que no admiten la horizontalidad, el ejercicio libre de la crítica y menos aún sentarse a una mesa sin recibir a cambio un beso fingido en el dorso de su mano. A resultas, generosidad es la otra palabra que no puedo obviar al hacer este repaso brevísimo de cualidades.

Me supera el alcance de la crítica de arte, aunque la decoración de Hostería La Bota ya amerita un intento de comprensión, hecho por la persona indicada, cuando llegue el momento oportuno. Es una fortuita acumulación de materiales y objetos que derivan de la multiplicidad propia del epicentro en el que se encuentran. Así, en el latido permanente que es el fluir de una cultura, México y España se unen de nuevo en este lugar de encuentros y desencuentros (imposible que fuera de otra manera) y no queda más que celebrarlo con la lectura de Pase Usted.