Schon wind das, was Ausbruch war, Mode.

[Ya, lo que era erupción, se vuelve moda]

Kasimir Edschmid

 

Ahora los poetas parecen ser gerentes

de ventas de su propia personalidad

Juan José Rodinás

 

La poesía mexicana del siglo XXI escrita por jóvenes ha dejado de ser una niña para entrar de lleno en la madurez. Después de una pomposa y exuberante fiesta de XV aniversario -celebrada el año pasado- con sobrecargo de monumentales lecturas, antologías y poemarios publicados, la ex-quinceañera retorna a su cuarto para emprender una larga meditación existencial antes de caer rendida sobre su cama presa del Primer Sueño de su nueva vida.

Con la vista fija en el techo, el cuerpo de la poesía, bajo las sábanas, se inunda de calor y extrañamiento, su cejas de arquean y un suspiro se muestra en los labios. Fuera de toda tentativa filosófica de develar el hilo negro, la interrogante ¿qué utilidad tiene la poesía? se estaciona en el parqueadero de su materia gris para barajear todos los posibles ángulos, con los que tangencialmente se pueda rozar una respuesta que la tranquilice y la deje dormir a gusto, para poder iniciar con ojos frescos y descansados su nueva etapa vital.

Largas han sido las discusiones en torno a la utilidad de la poesía, desde tiempos antes de Cristo, hasta la influencia actual del quehacer poético en la sociedad. En Diciembre del 2004, la revista Letras Libres daría a luz a su número 74, que bajo el dossier La inútil poesía,  abordaría el tema de la mano de Jorge Fernández Granados, Víctor Manuel Mendiola, Eduardo Milán, entre otros.  Fernández Granados se cuestionaba, pidiendo honestidad al lector, si las canciones de la radio no ocupaban ya el nicho de los poemas populares. Once años después la radio fue remplazada por MTV para después cederle su lugar a Youtube y Spotify. Los conciertos masivos se enfocaron más en espectáculo y cerveza a precios altos que en música. Bares y cafés se convirtieron en semilleros de músicos y compositores emergentes.

Nuestra bella durmiente el año pasado esbozó lo que podría ser una brecha hacia este ámbito con tres lecturas enfocadas en lo sonoro a) con la participación de autores jóvenes en el Festival Verbo,  enfocado en la oralidad y transdisciplina b) Sonido Bala Fría en sus dos volúmenes, trató de emular el concepto de tocada, fusionando aspectos sonoros con lectura en voz alta c) Los Slams de poesía que se comenzaron a reproducir alrededor de la república. Después de este breve repaso atenderemos a responder, ¿será posible que la poesía oral ocupe en este año un lugar similar al de la música en las nuevas generaciones? Más que buscar sustituir, las demostraciones o competencias de poesía oral, buscan ser otra alternativa a la lectura convencional. Se trata de acercar a nuevos públicos, crear nuevas audiencias y una nueva variante de la cartelera cultural. Sin embargo, esta vertiente oral licenciada bajo el cartel de lectura en voz alta de poesía, no es precisamente una variante de la lectura tradicional sino un nuevo género del que se debe hablar. Analicemos ahora sí, los factores que vienen a pluralizar y diversificar las diferentes utilidades que podrían tener estos eventos poéticos.

En primera instancia, retomando el cuestionamiento de Fernández Granados, la utilidad de la poesía popular era la de transferir información de acontecimientos en primera instancia –los juglares- así como denuncias sociales -pensemos por ejemplo en el Lorca o León Felipe durante el franquismo- y en segunda era la de reflexionar, persuadir o atender el pensamiento en concreto apelando a la sabiduría de un verso o la contundencia de una imagen, con ejemplos que van desde los trovadores hasta el refrán común de los abuelos.

Las variantes poéticas, como estéticas de la creación verbal, buscan con técnicas como el Spoken Word, hacer una composición mediante un registro léxico y tonal de diferentes situaciones, contextos, acentos, gesticulaciones y onomatopeyas, para darle forma a un discurso o poema. Por este lado, las posibilidades de expresión se amplifican y el horizonte de la lengua se conduce por nuevas subdivisiones lingüísticas que nos proporcionan información sobre el habla así como de la lengua y su uso. Desde este punto los Slam de poesía representan una buena aproximación al estudio del lenguaje actual. Del lado oscuro ha proliferado las creencias de oportunistas que predican el “hermanar la mercadotecnia y la cultura del espectáculo” con los eventos culturales para crear figuras o íconos mediáticos bajo intereses principales de autopromoción para crear una utilidad tangible. La poesía es una inversión como aditivo que da un plus a una imagen que apela a una posición privilegiada en el aspecto social.  Dentro de su variedad la poesía de ágora goza muy saludable, salvo esos contados casos aislados, en donde se puede presenciar buenos perfomers en el mismo menú que reguetoneros o DJs frustrados.

Dentro del campo escrito, muchas revistas y blogs electrónicos que han circulado por la red ocupan el lugar principal. Desde poemarios por Tumblr hasta audios en Youtube en donde poetas jóvenes suben sus poemas leídos por ellos o alguien más, a veces acompañados con música, imágenes o video. Dichos contenedores de información nos permiten visualizar varias cosas: mantenernos al tanto de la producción poética de tal o cual poeta, ver los patrones comunes para la rápida viralización, descubrir estrategias internas para la obtención de likedores, descubrir filas de fidelidad o rechazo hacia ciertas personas dependiendo de la aprobación exagerada o la indiferencia del silencio. La utilidad aparente, es engrosar currículos y obtener popularidad para convertirse en figuras publicitarias y ganar una cuenta bancaria de Google o Youtube. Obtener dicha utilidad virtual  requiere un compromiso férreo con mantenerse pegado al ordenador y mantenerse lejos de los libros y de la vida.

Retomando el eje de la utilidad producida, necesitamos un punto de partida teórico estándar que tomaré prestado de la definición de utilidad de la literatura que usa el humanismo liberal: la utilidad de la literatura –en nuestro caso poesía- es que nos hace mejores. La ambigüedad de éste término ha sido retomada por Terry Eagleton al señalar las implicaciones que esto conlleva, ya que no se trata de un concepción individual-moral, sino de una cosmovisión con grandes alcances políticos. Si la poesía nos sirve para ser mejores, no significa esto el campo semántico de la zona de confort o confundir ideales de progreso dentro de lo que sería el desarrollo dentro del capitalismo.

Se trata de desarrollar conflictos y armonías intelecto-espirituales que desencadenen en tratados, discursos  o teorías, que dentro del manejo de la forma en el lenguaje, proyecten conmociones tanto estéticas como humanas en sus diferentes facetas para ayudarnos a combatir –no a reproducir- el enajenamiento de la mayoría de la sociedad actual bajo el régimen del consumismo. La poesía no es algo desechable, algo que se escriba y se tire para tener algo nuevo.

Las únicas utilidades posibles que puede generar la poesía joven -además de efímeros y buenos momentos de comedia- es la de mantener vigente el vocablo poesía de boca en boca, hasta la mesa de las nuevas generaciones no lectoras, mantener la inquietud y la curiosidad de mirar más hacia el pasado para descubrir y retomar que para ver el futuro y volar. El futuro en la carrera del poeta joven está en el discernir las propuestas poéticas de la tradición que más le interesen y a partir de ahí empujar, remar y labrar en el lenguaje hacia nuevos horizontes para tocar tierra.

El futuro de la poesía no es imitar a Pitbull o Wisin & Yandel. Por favor, lea poesía.

Hasta la próxima. Buen inicio de año.