Años sombra

Para Eunice

Esta es la jurisdicción del árbol
que levanta la banqueta con sus raíces
reclamando el rectángulo que fue suyo;
el árbol que no deja de arrojar flores sobre el pavimento
destituido, a pesar de seguir acorralado.
A causa de esa flora duermo sobre tu hombro
con los lentes puestos
para encauzar la resolución
de esta noche. Aunque parezca otro esfuerzo en vano,
homologo el canto atestado de las estrellas que flotan
a años sombra de un viaje que prefiero negar, pero cuya
distancia promueven plantas suplementarias,
so pena de articular lluvias en pleno abril.
Y hoy escribimos en letras pequeñas las cláusulas del contrato:
sufrirás otro accidente:
no alcanzarás a frenar tras un camión
y el impacto marcará en tu cuello
el alojamiento de la esponja que te obliga a mirar, por una parte,
en dirección al árbol que okupa tu casa,
y por otra, en la del hombre que te promete pastel
para auto-suplantarse en tu cumpleaños.

 

Departamento #716

Para Jorge

Dijiste: No sé cómo sentirme
y le buscamos las instrucciones a tu cabeza,
pero notaste que las habías extraviado
durante la mudanza, junto con el tostador. Así, declaraste el sentir
como un vaivén de venas cavas:
ritmo aleatorio entre mujeres que proponen sitiar tus sueños,
armando muebles de aserrín
o citándote en un pasado plenario.
También dijiste: toda mi vida
cabe en cuatro cajas
y te sobraba espacio. Antes,

habías arrojado una cerveza vacía a la alberca.
Te habías despedido del departamento
probando si las sillas flotaban en el agua,
probando cuánto cloro es posible beber
sin suplir a dios con otra caja
a medio llenar.

 

 

Armario circulatorio

Para Delux

Descuida.
La ropa que me heredaste ha repasado
el camino de regreso una y otra vez. También la tela
tiene memoria. Se sabe
umbral de bocanadas, baricentro de tu sombra,
siempre predispuesta a salpicarse
de ron durante reuniones familiares. Hasta ahora
es claro, cierta ropa está teñida con tus costumbres:
cargar una cobija en la cajuela
(con tal de ofrecer una cama instantánea, inversamente
proporcional al sueño tamizado).
O usar mi buzón
para tu correspondencia. Atestar mi casa
con tus fantasmas,
con tus paquetes perdidos.

Paciencia.
Tus perros ladrarán cuando me acerque a la puerta.  
Conservaré este miedo iterativo
al despertar en tu sillón y desconocerlo, lleno
de las manchas que ha calcado sobre mí el alcohol,
y por ende, me veo obligado
a pedirte otra camisa.

 


Ademar Ramírez (El Paso, Texas, 1989.) Estudió una doble licenciatura en Psicología y Escritura Creativa en la Universidad de Texas en El Paso, además de una Maestría en Escritura. Ha publicado en Río Grande Review, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, la revista Opción del D.F., Revista Albedrío y en Círculo de Poesía.